Vamos a explicar bien el caso de Maricarmen y su desahucio. Mari Carmen tenía un piso de renta antigua. El contrato de renta antigua lo firmó su padre en 1956. Cuando él murió, se subrogó su progenitora. Cuando ella murió en 2005, Mari Carmen hizo una segunda subrogación. La ley es clara: esa segunda prórroga dura dos años, salvo discapacidad del 65%. Ella tiene el 50%. El Supremo ya se lo dijo. Desde 2007, legalmente, ese contrato no le corresponde. Mari Carmen llevaba setenta años de alquiler, 70 AÑOS. Lleva casi 20 años pagando aproximadamente 480 € por un piso de 90 m² en Sainz de Baranda, uno de los barrios más caros de Madrid. Cobra unos 1.400 € de pensión. La casa no es suya. Es de un propietario que compró el edificio, ofreció comprársela, ofreció un alquiler de 1.650 € (el resto del bloque va a más de 2.500) y, ante la negativa, fue a los tribunales. Ganó. Cuarto intento de desahucio. Tres veces se ha parado no porque un juez haya cambiado de criterio, sino porque hay suficiente gente en la calle para convertir el cumplimiento de una sentencia en un espectáculo. Eso es lo que fascina: en España, si tienes militancia, cámara y un relato, cumplir una resolución firme del Supremo se vuelve negociable. Si eres un particular al que le ocupan el piso o un pequeño propietario con un inquilino impago, la ley se aplica a las 8 de la mañana y punto. Puedes pensar que el Estado debería haberle dado una alternativa habitacional. Correcto. Eso es política de vivienda, no un cheque en blanco para ocupar indefinidamente un inmueble ajeno a precio de 1956. Puedes pensar que 1.650 € es abusivo. También. Pero eso no convierte a Mari Carmen en propietaria ni anula 20 años fuera de plazo. El mensaje que se está enviando es brutal: si aguantas lo suficiente y montas el circo adecuado, el derecho de propiedad es un trámite. El resto de inquilinos que pagan mercado, los jóvenes que no pueden entrar en el centro y los dueños que heredaron o compraron un piso con un contrato eterno de 400 € se perjudican en silencio. Mari Carmen ha tenido 70 años para ahorrar muchísimo dinero porque ha estado pagando un alquiler de broma. Pero daba por hecho que era su derecho tener un alquiler para siempre y por un precio mínimo. Que le había venido Dios a ver para concederle un privilegio de vivir en la mejor zona de Madrid ¡con vistas al retiro! por un precio irrisorio. Ni Mari Carmen ni su familia son víctimas puesto que han sido privilegiados durante siete décadas, que se dice pronto. Sentimos mucho que una anciana de 87 años se encuentre en esa situación, pero también sentimos que unas leyes tan locas hagan que nuestros barrios esté lleno de fondos buitres. Porque solo los fondos buitres pueden comprar este tipo de pisos o pueden hacerse cargo de pisos con ocupas. La pregunta que hay que hacerse, es por qué han proliferado tanto los fondos buitres en los últimos 10-15 años. Esta es la única verdad del caso de Maricarmen. Todo lo demás, pan y circo.