La pregunta al Parlamento Europeo sobre los 4 de la AEMET y la gota fría
Una pregunta escrita registrada en el Parlamento Europeo sostiene que cuatro trabajadores de la AEMET confesaron en 2015 que se provocaba la gota fría en la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería. El texto no aporta nombres, ni fechas exactas, ni el documento donde estarían esas supuestas confesiones. Solo la afirmación. Y una respuesta de la Comisión Europea que, leída entera, desmonta el relato: no existe informe alguno de meteorólogos españoles que pida pronunciarse sobre el asunto, y la investigación con las autoridades españolas no ha encontrado prueba alguna de un plan de geoingeniería militar para cambiar el clima en España.
El origen: una pregunta parlamentaria sin pruebas
La mecánica es vieja y conocida. Cualquier eurodiputado puede registrar una pregunta escrita. Basta con escribir un texto y presentarlo. Eso no convierte su contenido en cierto. La pregunta que da título a este asunto parte de una premisa que no se sostiene: los cuatro trabajadores no están identificados, no hay declaración pública suya, no hay resolución administrativa ni sentencia que recoja ese supuesto reconocimiento. La Comisión Europea lo dice con claridad:
no ha recibido informe alguno de meteorólogos españoles sobre este asunto y, tras consultar con las autoridades españolas, no halló prueba alguna de las alegaciones.
El resto es ruido. La respuesta oficial remite además a una contestación anterior, de 2014, en la que Bruselas ya dejó escrito que considera la geoingeniería inapropiada para solucionar problemas medioambientales. Es decir, el mismo organismo al que se atribuye complicidad con el supuesto plan lleva una década diciendo lo contrario.
Qué dice exactamente la Comisión Europea
El texto de la respuesta es corto y no deja margen. La Comisión no ha recibido informe alguno de meteorólogos españoles que le pida adoptar una postura sobre el asunto. La Comisión ha investigado la cuestión con las autoridades españolas y no ha encontrado prueba alguna de las alegaciones en relación con un plan de geoingeniería militar para cambiar el clima en España. Y remite a la respuesta a la pregunta escrita E-000922/2014, donde ya calificaba la geoingeniería de inapropiada.
Hay quien sostiene que esa respuesta es en realidad una cortina de humo, porque la Comisión se limita a pedir pruebas a los supuestos ejecutores, las autoridades españolas. El argumento tiene el recorrido que tiene: si el organismo que investiga es el mismo que supuestamente ejecuta el plan, difícilmente va a incriminarse. Es una objeción circular, válida para cualquier institución y cualquier acusación, y no aporta ningún dato nuevo.
La gota fría, el cadmio y otras capas del relato
Alrededor del núcleo conspirativo se han ido pegando capas. Una de las más repetidas es la intoxicación por cadmio. Se enumeran síntomas —vómitos, diarrea, dolor abdominal, dificultad para respirar, gusto metálico en la boca, fiebre, debilidad extrema— y se afirma que coinciden con lo que sintieron algunas personas justo antes de la pandemia. El salto lógico es notable: de una exposición tóxica documentada a un plan de manipulación climática no hay conexión demostrada en ningún sitio.
Otra capa es la del cambio climático. La contradicción es llamativa: hay quien niega que el clima esté cambiando por la actividad humana y, a la vez, sostiene que se está modificando a voluntad con aviones y productos químicos. Las dos cosas no pueden ser verdad al mismo tiempo. Y sin embargo conviven en el mismo discurso sin que a nadie le salte el detector.
Marruecos, la siembra de nubes y el salto a la DANA
El relato muta según la actualidad. Cuando ocurrió la catástrofe de la DANA, algunos medios publicaron que Marruecos planeaba una siembra de nubes que podía afectar a España. La noticia, presentada como aviso urgente de los meteorólogos, alimentó la idea de que el temporal había sido dirigido desde fuera. La siembra de nubes es una técnica que existe, se ha usado en varios países y consiste en dispersar partículas para favorecer la condensación. De ahí a provocar una gota fría con centenares de víctimas hay un abismo que nadie ha documentado.
La pregunta parlamentaria original hablaba de la Comunidad Valenciana, Murcia y Almería. La DANA trasladó el foco a Valencia. El patrón es el mismo: un fenómeno meteorológico extremo, una explicación oficial que se considera insuficiente y una teoría que atribuye la catástrofe a una voluntad humana. La falta de pruebas no frena la teoría. La alimenta.
Por qué este tipo de bulos funcionan
Funcionan porque ofrecen una explicación total. Frente a la complejidad de un sistema climático, con sus modelos, sus incertidumbres y sus márgenes de error, la conspiración entrega un culpable claro y una intención. Funcionan también porque el descrédito de las instituciones es un terreno abonado. Si la Comisión Europea dice que no hay pruebas, eso mismo se interpreta como prueba de que las hay y se ocultan.
Y funcionan, sobre todo, porque nadie paga un precio por difundirlos. Una pregunta parlamentaria sin fundamento se convierte en titular. Un blog sin autoría verificable se cita como fuente. Una respuesta oficial que desmiente el relato se lee en diagonal y se descarta. El coste de verificar es alto. El de creer, cero.
La Comisión Europea respondió que no hay prueba alguna de un plan de geoingeniería militar para cambiar el clima en España. La pregunta sigue ahí, registrada, citada y reenviada. Nadie ha identificado todavía a los cuatro trabajadores de la AEMET que supuestamente confesaron. Tampoco hace falta: el bulo ya ha hecho su trabajo.