Cataluña deja fuera del PISA a uno de cada cuatro alumnos
El informe PISA 2025 ha dejado un agravio que no tiene precedentes. Cataluña excluyó de la muestra a un 23% de sus alumnos, todos ellos con problemas de aprendizaje, cuando la OCDE fija como límite el 5%. El resto de comunidades autónomas, con porcentajes que van del 2% al 5%, defienden que manejaron el índice de exclusión «con rigor» y «bajo control». La consellera Esther Niubó ya ha comparecido en el Parlamento, pero el agujero es difícil de tapar.
Una maniobra que infla las medias
Excluir a los estudiantes conflictivos o con dificultades no es un detalle técnico: es la manera más directa de subir la puntuación media. Cada alumno que se queda fuera era un lastre estadístico. Por eso la OCDE pone el tope en el 5%: para que los resultados sigan siendo comparables. Cataluña lo ha multiplicado por más de cuatro, y eso no se arregla con una comparecencia.
El factor demográfico que no se menciona
En el análisis de los resultados siempre planea una correlación incómoda: las comunidades con menor proporción de inmigrantes y sin lengua cooficial suelen sacar mejores notas. Castilla y León y Asturias, con un 2% de exclusión, llevan años en cabeza. Eso explica parte de la brecha, pero no justifica la manipulación. En países asiáticos, además, se seleccionan centros enteros para adulterar resultados, lo que convierte a PISA en un espejo donde mira pero nadie quiere verse.
Con el 23% sobre la mesa, la pregunta es directa: ¿para qué sirve un informe al que se le recortan los que suspenden? Poco, salvo para aparentar lo que no se es.