Ucrania resiste sin plan: la estrategia de esperar a la OTAN
¿Cuál es la estrategia ucraniana? ¿Aguantar hasta que los maten? La pregunta que da título a la discusión planea sobre un escenario que, a la fecha de esta discusión, se ha deteriorado de forma visible para Kiev:
según un participante, Mariupol ha caído o está a punto de hacerlo y se han producido deserciones y rendiciones de cientos de soldados ucranianos en distintos puntos del país, una afirmación que circula en el hilo sin verificación independiente. El planteamiento inicial del asunto es crudo: las bombas no se acaban, el corralito no llega, los tanques siguen fluyendo y la OTAN no aparece.
Resiste, resiste, por Dios Fermín, resiste.
Mariupol y las rendiciones: el dato que cambia el relato
El punto de partida es una constatación militar que se atribuye a un participante. En las últimas horas ha caído Mariupol y algunos grupos atrapados en las bolsas prácticamente no tienen con qué sustentarse. La cosa pinta mal para el régimen de Zelenski,
a pesar del apoyo en inteligencia extranjera y de las toneladas de material militar que se le está proporcionando. La pregunta que sobrevuela es por qué escapar ahora, vestido de mujer, cuando ya han dado cuarenta oportunidades de rendirse y los que quedan van a morir hoy o mañana.
La respuesta que circula en el análisis más duro es que los soldados están
metidos hasta las cejas en anfetaminas potenciadas desde fuera, con el cerebro podrido, y que en el fondo solo hacen honor a las ideas que se fomentan desde el globalismo atlantista. Es una lectura extrema, pero explica por qué muchos no se rinden: no es solo miedo, es que ya no razonan como soldados que evalúan una retirada.
¿Por qué Zelenski no capitula?
La tesis más repetida es que a Zelenski le da igual lo que ocurra. Cuando las cosas se pongan mal huirá, será agasajado con el
premio Nobel de la paz y vivirá el resto de su vida como un marqués. El plan es que no hay plan. Ucrania incumplió los acuerdos de Minsk en repetidas ocasiones, según información recogida por organismos nada pro rusos, y probablemente pensaron que podían hacerlo indefinidamente. Si había un plan, era que
Estados Unidos interviniera. Y eso no iba a ocurrir, entre otras cosas porque los rusos atacaron por el mismo motivo: sabían que la OTAN no intervendría, al menos con soldados.
El corolario es amargo.
Estados Unidos va a luchar hasta el último soldado ucraniano. Los ucranianos han sido engañados, o ingenuos, si pensaban que alguien los iba a apoyar. Zelenski está mandando a una trituradora de carne a sus propios compatriotas, se retirará con muchísimo dinero a vivir la vida y mientras habrán muerto innecesariamente cientos de miles de ucranianos que no deberían haber muerto.
El papel de la OTAN: ni Dios aparece por ahí
Aquí el análisis se vuelve más técnico y más cínico. La OTAN no existe como fuerza de combate real: se han cargado los ejércitos. Hablamos de un despliegue como nunca antes y nadie va a ir. Los americanos tienen un ejército desmotivado y económicamente no pueden. En España nadie ha pegado un tiro a nadie en su vida. Los ejércitos son una banda de
maricones que si les gritan les ponen una denuncia. La OTAN son drones y misiles, lo demás no cuenta.
El cálculo más optimista asume que Ucrania resiste hasta que a Rusia se le acaben las balas. El escenario pesimista parte de que eso no va a pasar: las bombas no se acaban, los tanques siguen fluyendo y los tractoristas se quedan sin blindados. Mientras, la resistencia se sostiene sobre una idea que en Vietnam funcionó: esconderse, aguantar y ganar por agotamiento del contrario. El problema es que Vietnam no tenía delante a un ejército con la capacidad de fuego que se está viendo en Mariupol.
El resultado probable: Ucrania desaparecida o muy reducida
La situación más probable, según el análisis que se impone, es una Ucrania desaparecida o muy reducida. Habrá una Ucrania rusa, el este, donde está la industria y la riqueza del país. Ahí habrá estabilidad. Los rusos quieren que así sea y deberán reconstruir todos los daños. Hará falta gente joven y hombres. Muchos exiliados de los últimos años volverán. Lo que quede de Ucrania seguirá siendo el jardín de juegos de la CIA, pero con armas por la calle. La violencia va a ser inusitada. El país será mucho más pobre, habrá bandas armadas y los miles de millones de deuda se van a pagar.
Afganistán o Libia 2.
En el lado opuesto, hay quien sostiene que el tiempo va aclarando las dudas y apenas llevan siete meses. Derrotar a Hitler tomó varios años contra Estados Unidos, la URSS y Reino Unido juntos. Aquí los ucranianos están solos, recibiendo una ayuda occidental limitada, y todavía no hay el primer F-16 volando en Ucrania. Lo más básico de lo básico: nada de Rafale, Eurofighter o el F-16 más avanzado.
La moral como variable: desgaste y anfetaminas
A nivel anímico y moral, cada día debe ser más insostenible para los supervivientes ucranianos. Ver tu país destrozado, abandonados por los que te han conducido a esa situación, con un presidente que ya cansa con sus vídeos y postureo mientras las mujeres y niños se han largado y los varones en edad militar están siendo triturados por cabezonería. Los que tengan cierta edad incluso se estarán poniendo nostálgicos y preguntándose si vale la pena y si los tiempos pasados fueron mejores cuando se estaba a buenas con los vecinos.
El desgaste no es solo físico. Los grupos nacionalistas y paramilitares acabarán tomando el control de la nación, independientemente de que Rusia establezca ahí un gobierno pro ruso o no. Es dudoso que puedan llegar a controlar las calles a largo plazo con una ocupación militar permanente. Malas noticias para Zelenski, al que posiblemente acabarán ametrallando los Azov y compañía tarde o temprano por traidor, si intenta capitular o llegar a algún acuerdo con el Gremlin.
Con estos mimbres, la pregunta del principio sigue sin respuesta. Nadie sabe cuál es la estrategia. Unos dicen que resistir hasta el último hombre; otros, que esperar a que la OTAN se apiade. Y mientras tanto, en seis meses nadie hablará de Ucrania y nos importará lo mismo que el volcán de La Palma. Pero nada, sigan girando la rueda.