Albares y el ejército europeo: ¿defensa común o pago de facturas con sangre española?
El ministro de Exteriores español ha vuelto a poner sobre la mesa la creación de un ejército europeo, justo cuando las amenazas de Trump sobre Groenlandia tensan la cuerda transatlántica. Pero el debate no va de idealismo: va de quién pone los muertos y quién pone el dinero. Mientras Alemania y Francia lideran la iniciativa, España parece destinada a aportar soldados antes que presupuesto, un papel que muchos españoles no están dispuestos a aceptar.
El pretexto groenlandés y la huida hacia delante
La petición de Albares no surge de la nada. Las declaraciones de Trump sobre la compra de Groenlandia y el despliegue de tropas europeas en la isla han acelerado los planes de defensa común que llevan años cocinándose en Bruselas. Sin embargo, detrás de la retórica de "soberanía estratégica" se esconde un reparto de papeles incómodo. Mientras los países del norte financian el rearme, España corre el riesgo de convertirse en la cantera de soldados rasos. El dato de los sueldos alemanes, con 2.500 euros para un soldado raso, contrasta con las magras pagas españolas, y las comparaciones con la Legión Extranjera o los tercios no son inocentes.
Capacidad militar real: ¿mito o realidad?
Los partidarios del euroejército recuerdan que España posee una potencia tecnológica militar respetada incluso por EE.UU., y que su Armada es un hueso duro de roer. La experiencia de los Tercios y la defensa de Cartagena de Indias se esgrimen como prueba de que no somos mercenarios baratos. Pero los críticos señalan que el ejército español es pequeño, mal pagado y con una disciplina que no resiste comparación con los tiempos de la mili. La pregunta que flota es si un ejército ecorresiliente, inclusivo y paritario –como ironizan algunos– puede defender Ceuta y Melilla o simplemente servir de adorno en los desfiles.
El elefante en la habitación: la financiación
La sombra de la corrupción sobrevuela cualquier debate sobre gasto militar. La idea de que los fondos europeos acaben en manos de "emprendedores" de siempre, como el novio de Ayuso, no es un bulo: es una previsión basada en décadas de experiencia. El escepticismo alcanza su punto álgido cuando se recuerda que la UE lleva ocho años dando vueltas al tema sin concreción, y que el precedente del Mercosur tardó 26 años en firmarse. Mientras, los ciudadanos se preguntan por qué no se invierte ese dinero en vivienda o en tapar los agujeros de la sanidad.
El debate, en definitiva, no es si Europa necesita defenderse: es si los españoles están dispuestos a morir por una burocracia que no les representa y que, sospechan, acabará financiando a los mismos de siempre.
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