Ampliaciones de capital por el coronavirus: de Carnival al retail
En febrero de 2020, Carnival Corporation cotizaba a unos 50 dólares por acción. La compañía de cruceros se dejó un 33% en una sola sesión y llegó a valer 8,8 dólares. No esperó a que el mercado le pusiera precio: salió a buscar dinero a cualquier coste, y ese coste tiene número. El
11,5% anual por 4.000 millones de dólares de deuda senior, con sus propios barcos como prenda.
La jugada de Carnival inaugura una temporada que va a repartir dilución por medio mundo. Cruceros, aerolíneas, centros comerciales, grandes almacenes, fabricantes de motores de avión y hasta una empresa de reservas. La lista de compañías que han anunciado o negocian una ampliación de capital crece cada semana, y con ella la pregunta incómoda: ¿a qué precio y a costa de quién?
Carnival y los 450 millones al año solo en intereses
El paquete anunciado por la naviera tiene tres patas:
1.250 millones de dólares en acciones nuevas, 1.750 millones en deuda convertible y 3.000 millones en deuda senior. Esa última cifra se ha revisado al alza hasta los 4.000 millones, y aquí aparece el dato que hiela la sangre: el cupón pactado ronda el 11,5% anual.
Traducido al balance, y según las estimaciones que manejan los participantes del hilo, la compañía tendría que pagar cerca de
450 millones de dólares al año solo por esa deuda. Para una empresa que capitalizaba 8.600 millones, la cifra es casi una condena. Quien sepa a qué tipos se financiaba una compañía de este tamaño entiende que el mercado ya no valora el negocio de los cruceros, sino la probabilidad de que sobreviva. Carnival funciona como el
canario de la mina de todo el sector, según los foreros.
Hay quien sostiene que han sido listos al moverse los primeros, antes de que el grifo se cierre del todo. En contra juega un argumento simple: si el parón se alarga tres semanas más, esa misma ampliación habrá que repetirla a la mitad de precio.
Qué pasa con tus acciones cuando la empresa amplía capital
La mecánica es sencilla y cruel. Si alguien tenía el
1% de la compañía, después de la ampliación pasará a tener entre el 0,9% y el 0,8%. La empresa tendrá más de 1.000 millones adicionales para respirar y su balance estará menos roto, pero el trozo de tarta de cada accionista encoge. Eso es la dilución.
El detalle que casi nadie mira es el precio. Cuanto más baja cotice la acción al ampliar, más títulos hay que emitir para levantar la misma cantidad y más se destroza el porcentaje de los antiguos dueños. Con la acción a 50 dólares, una ampliación de 1.000 millones apenas habría rozado el capital existente. Con la acción por debajo de 9, la misma operación se lleva por delante una porción considerable. El calendario decide quién paga
la fiesta.
Aerolíneas: Norwegian canjea deuda y United amplía un 15%
Norwegian ha convocado a sus accionistas para votar un canje de deuda por acciones. Se habla de hasta
4.000 millones convertidos en títulos, lo que dejaría a los tenedores actuales prácticamente diluidos a cero. Es la primera gran aerolínea europea en enseñar las cartas, y no las enseña bonitas.
Al otro lado del Atlántico, United Airlines tiene 247 millones de acciones y amplía en 39 millones, un
15% adicional, en un contexto en el que la demanda de viajes se reconoce cercana a cero. American Airlines también ha movido ficha, y lo ha hecho, según los cálculos que circulan, en un mercado que aún la valora por encima de lo que su balance merece.
En Europa, Lufthansa plantea una ampliación para dar entrada al Estado alemán con hasta el
25% del capital. Francia y Holanda ultiman un rescate de 6.000 millones para Air France-KLM, dentro de un paquete que París eleva a 7.000 millones para la aerolínea y 5.000 para Renault. Los participantes del hilo dan por hechas las ampliaciones de ambas, aunque sin fecha.
El retail: de Intu a los grandes almacenes americanos
Intu Properties llegó a valer 800 peniques en 2006. Ahora cotiza por debajo de 2. El desplome de los centros comerciales británicos es la foto fija de un modelo agotado, y la pregunta ya no es cómo se reestructura, sino quién se queda con los ladrillos.
Unibail-Rodamco-Westfield, propietaria de ocho centros comerciales en España, ha anunciado una ampliación de
3.500 millones. Macy's ha contratado a un banco de inversión para explorar una recapitalización, JC Penney coquetea con la bancarrota y en el Reino Unido Oasis y Warehouse han entrado en administración con 2.000 empleos en el aire. No es el problema de una cadena concreta: es el sector entero pidiendo dinero a la vez.
Rolls-Royce, Amadeus y Deoleo: la lista se alarga
Rolls-Royce ha confirmado su ampliación y ha caído a mínimos de 2004. Los cálculos más agresivos que se citan hablan de una necesidad real de
6.000 millones, lo que convierte la operación, según un forero, en un
cadáver andante al que alguien acabará comprando las partes buenas. Safran aparece en todas las quinielas.
Amadeus amplía capital y emite convertibles por
1.500 millones de euros. Deoleo, por su parte, lanza una ampliación de 50 millones dentro de su acuerdo de refinanciación, la CNMV suspende su cotización y el valor se deja hasta un 20%. La secuencia se repite demasiado: anuncio, suspensión, golpe.
Petróleo, automoción y quién sostiene el tinglado
En el sector energético se señala la quiebra de Whiting Petroleum, mientras otras como Parsley Energy aguantan las caídas con una resistencia que desconcierta a los propios foreros. Las petroleras están saturadas de reservas y con meses muertos por delante.
En automoción, Renault presume de más de
10.000 millones de liquidez, aunque arrastra una montaña de deuda y un inventario muy alto, con ventas que caen más que la media del sector en cada geografía. En Estados Unidos, AIG tiene 9.000 millones entre tesorería y pólizas y ha pedido 1.000 millones más a la
banca. Los fabricantes, como en el caso de Seat, se preparan para un escenario de un año sin ventas normales y sin contemplar un segundo brote en otoño.
Y detrás de todo, los bancos. En el Reino Unido han cancelado dividendos por presión del Banco de Inglaterra y entidades como Metro Bank quedan directamente fuera de las quinielas. Como sostiene uno de los participantes del hilo, el sistema sostiene a empresas que ya no se sostienen porque hacerlo maquilla sus propios balances: una forma de ganar tiempo, no de arreglar nada.
La pregunta del millón ya no es cuántas ampliaciones van a llegar. Es cuánto tiempo pueden los bancos seguir fingiendo que esas deudas valen lo que dicen sus libros. Nadie ha puesto fecha al momento en que la bola deje de crecer.