Europa se prepara para la guerra: el aviso de Macron y el temor a un conflicto
El presidente francés, Emmanuel Macron, ha advertido de que «hay que prepararse para que Rusia ataque». La frase, pronunciada en un contexto de creciente tensión, ha servido para que una parte del análisis sostenga que la
OTAN entrará en confrontación directa con Rusia en el plazo de un año, esta vez sin el escudo de Ucrania. El primer ministro eslovaco, Robert Fico, ha ido más lejos y ha asegurado, citando un documento restringido de la cumbre de París, que varios estados miembros de la OTAN y de la Unión Europea estudian enviar tropas a Ucrania de forma bilateral. La portada de
El País de este jueves resume el ambiente: «Europa se prepara para la guerra».
El despliegue en los países bálticos y la entrada de Suecia en la OTAN
Los indicios que se acumulan son de naturaleza diversa. Según un participante, en los países bálticos se están desplegando enormes cantidades de tropas y equipos de guerra de todo tipo. Suecia ha entrado en la OTAN. Se firman acuerdos militares prácticamente a diario para garantizar que, una vez comience la guerra, el equipo necesario pueda ser rápidamente fabricado y distribuido entre los países miembros. Los altos mandos de los ejércitos han lanzado avisos a la población civil: los ciudadanos formarán parte del ejército de una u otra manera. Los países bálticos entrenan a nuevas tropas. Y varios estados de la OTAN modifican leyes de reservistas y otras similares para garantizar que las bajas puedan ser rápidamente sustituidas.
Hay quien sostiene que todo esto es la preparación lógica ante una amenaza real. En contra pesa un argumento que circula con fuerza: Estados Unidos no tiene ni 1500 soldados desplegados entre los tres países bálticos pegados a Rusia. Sin Estados Unidos, la fiesta no arranca. El cálculo más optimista asume que la disuasión funciona; el escenario pesimista parte de que la disuasión ya ha fallado.
¿Puede Rusia enfrentarse directamente a la OTAN?
La pregunta recorre el análisis de arriba abajo. Rusia no puede con un país que, en términos relativos, es un caniche de la OTAN como Ucrania: mueren miles y miles de rusos durante meses para tomar poblados como Avdiivka. ¿Cómo diablos se va a enfrentar directamente a la OTAN? La respuesta más repetida es que no puede, y que por eso mismo la confrontación directa sería una guerra muy corta. Muy, muy corta.
Frente a esa tesis, otra corriente subraya que Ucrania ya está mejor armado que casi todos los países de la OTAN. Y que Macron anuncia una «coalición» para proporcionar «misiles y bombas de mediano y largo alcance» a Ucrania. La escalada, en ese relato, no es una hipótesis: es una secuencia de hechos encadenados.
El petróleo, el agua y los recursos como motor del conflicto
Una parte del análisis desplaza el foco de la geopolítica a los recursos. Occidente ha hecho rico a Oriente Medio, y en las guerras de Irak y Libia el petróleo de esos países no era anecdótico. Hay dos formas de conseguir petróleo: controlar países exportadores o destruir países consumidores. Europa occidental es de los mayores consumidores. La extensión de la guerra de Ucrania a Europa occidental tendría, en esa lectura, un motivo económico.
La otra corriente responde que el petróleo es fundamental y que quienes lo poseen se hacen ricos, pero eso no implica necesariamente que se agote. Estados Unidos invade países para quedarse con sus recursos y a la vez trata de impedir la aparición de otras potencias emergentes. Eso puede llevar a una guerra horrible, pero no necesariamente por el petróleo. La tesis más extrema sostiene que esta vez quieren dejar la población a la mitad. Y una tercera pieza se añade al tablero: el agua como protagonista absoluto de toda esta película.
El sueño de las semillas y la brújula: cuando el análisis se vuelve profecía
En el terreno de las premoniciones, dos relatos coinciden con una precisión que inquieta a quienes los comparten. En uno, el jinete de la Hambruna entrega tres tarros pequeños con semillas y una brújula. En el otro, cinco personas caminan por una ciudad, suben a un edificio abandonado y, desde lo alto, ven cómo aviones y misiles destruyen los edificios que contemplaban. El objetivo de los misiles eran ellos, para evitar que cumplieran su misión. En ambos aparece el polvo blanquecino, la búsqueda de alimento y la idea de establecerse en un lugar concreto para cultivar porque todo estará contaminado por la radiación. Las semillas y la brújula, en esa lectura, marcan el camino.
La coincidencia de detalles entre dos relatos oníricos separados por años es, para algunos, una revelación. Para otros, es exactamente lo que es: dos sueños. La discusión no resuelve nada, pero deja una pregunta flotando: ¿por qué nos avisan a nosotros precisamente?
La predicción que no se cumple y el escepticismo del que ya lo ha visto todo
El escepticismo tiene munición. Hace un año, el mismo aviso hablaba de unas pocas semanas. Hace dos años, la predicción era que Rusia declararía la guerra a Japón y que Suvorikin sería ministro de defensa. Otras predicciones famosas: que Pedro Sánchez no se presentaría a las elecciones y que el bitcoin jamás regresaría a los 30.000. Tal vez ocurra, pero desde luego no tendrá nada que ver con esas previsiones. Viendo el historial de predicciones, se puede dormir tranquilo.
El contraargumento es igual de simple: hasta que acierte y haya que venir a comentarlo. El que pueda, el que pueda.
La pregunta no es si Europa está preparada. La pregunta es si alguien ha preguntado a los europeos.