BigTwentyOne
Madmaxista
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Pues otro para las tertulias de 13 o de Iker.
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Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil.López Burniol acusa al PSOE de Pedro Sánchez de buscar un conflicto civil que ponga fin por la vía rápida a la democracia del 78.
El artículo completo:
La revancha
Desde hace algunos años, ha ido tomando cuerpo en España una insistente ansia de revancha de nuestra última contienda fratricida, que estalló hace noventa años. Esta revancha se libra como una nueva guerra civil, afortunadamente híbrida, en la que no se combate con ejércitos convencionales y en campos de batalla tradicionales, sino mediante la fractura social deliberada y azuzada, el bloqueo y el colapso institucionales y la polarización radical de las posturas, que desembocan en un enfrentamiento civil.
Lo que se manifiesta en el alineamiento de dos bandos separados por un muro. Un muro erigido en mala hora por el presidente Sánchez. Estos bandos son los mismos que definió el Pacto de San Sebastián en 1930 y se enfrentaron en 1936. Por un lado, las izquierdas de distinto octanaje, más las derechas separatistas catalana y vasca; y por otro, el resto de las derechas.
El objetivo que persigue esta revancha, iniciada ¡desde el poder! por el presidente Rodríguez Zapatero y potenciada sin límite por el presidente Sánchez, es: a) poner fin a la segunda restauración monárquica instaurada en la persona del Rey Don Juan-Carlos; b) derogar la Constitución de 1978; c) abrogar el Régimen implantado por ella; d) derrocar al Rey Don Felipe, para conectar directamente con la legalidad de la Segunda República (profanada en su día, primero por un bando y luego por el otro); y d) instaurar una Tercera República presidencialista, plurinacional y confederal, que ponga fin a España como nación, es decir, como un ámbito de solidaridad primaria e inmediata conformado por la geografía y por la historia, en el que todos los españoles son iguales.
Otra vez las "dos Españas". Y seamos claros: no son adversarias, sino que son enemigas. La resolución de su conflicto no atenderá, por tanto, a unas reglas aceptadas por todos, sino al respectivo poder de las fuerzas en presencia, con el apoyo de sus respectivas tropas auxiliares mediáticas. El choque se iniciará pronto. A lo más tardar, en un año. Y este conflicto civil coincidirá quizá con el estallido de la crisis larvada y agravada de Ceuta y Melilla, que, vistos los antecedentes, acabará en un nuevo 98.
Será el "Desastre" final. España estará más sola que nunca, gracias a una política exterior demencial, y no tendrá ni el consuelo de salvar su honor gracias, como siempre, al sacrificio de sus soldados, como sí se salvó en Cuba y Filipinas. ¿Y las consecuencias de este desastre? Eso, sábelo Dios. En cualquier caso, España perderá. Y entonces, todos, absolutamente todos, podremos decir refiriéndonos a España: "Entre todos la matamos y ella sola se murió". No habremos sabido preservar ni el legado que recibimos. En medio de esta penosa situación, que nos aboca al despeñadero, puede ser aleccionador, e incluso ameno, leer un libro reciente del historiador Juan-Francisco Fuentes, catedrático del ramo en la Complutense, que recoge su discurso de ingreso en la Real Academia de la Historia.
Se titula "Hambre de patria" (un título que no refleja la sutileza del texto) y recoge con minucioso rigor muchos aspectos de la peripecia vital, intelectual y sentimental del exilio republicano tras la guerra civil. Una peripecia que cristalizó en una verdad como un templo: la Transición (prescindir del pasado para pactar el futuro) se soñó en el exilio mucho antes de que los de dentro acertásemos ni tan siquiera a imaginarla.
Por eso, considero hoy a muchos de los líderes republicanos de entonces como si fuesen "míos" de toda la vida, mientras que desconfío y reniego de nuestros actuales dirigentes. Son legítimos, pero carecen para mí de "auctoritas", de credibilidad. Ojalá un líder, tan demócrata como patriota, saque a España de este mal trance desde la ley, con la ley y por la ley. Como cuando de Gaulle levantó a Francia de su "extraña derrota" (Marc Bloch), llevándola a figurar luego entre los vencedores de la guerra. Y como cuando Churchill llevó al Reino Unido a resistir primero para vencer después. Todos necesitamos, a veces, un milagro. Así sea.
El que avisa no es traidor...
🌹 Quiero comenzar recordando a Francisco Largo Caballero. Actuó como hoy queremos actuar nosotros: ✊ Comprometiéndose con su época, respondiendo ante la adversidad con más democracia y dignificando la vida de los más vulnerables. 🗣️ @sanchezcastejon #43CongrestoUGT pic.twitter.com/NZxDNL2AtV
— PSOE Ver en X
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🌹 Quiero comenzar recordando a Francisco Largo Caballero. Actuó como hoy queremos actuar nosotros: ✊ Comprometiéndose con su época, respondiendo ante la adversidad con más democracia y dignificando la vida de los más vulnerables. 🗣️ @sanchezcastejon #43CongrestoUGT pic.twitter.com/NZxDNL2AtV
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El Estado garantiza el expolio permanente a todos los españoles y un poco menos a su red clientelar, y a sus amos ni declaran impuestos, véase el caso del amigo Zetaparo.No creo, el Estado garantiza la paz perpetua, esto es, la ausencia de una guerra civil. Pero entonces, el Estado anula la libertad con la paz perpetua.
Hoy día los Estados europeos son totalitarios: controlan toda nuestra vida.
Y dale con los rojos...Hay quien opina que las elecciones están decididas de antemano y que la única vía para cambiar el gobierno sería la violencia.
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Ir a luchar por un estado que te odia no tiene sentidoObligados, no de motu proprio.
Aquí Paco no lo mueves ni a tiros.