El dilema económico de la eternidad: ¿es racional creer?
Imagínese 13.800 millones de años de no existencia antes de nacer. Luego, una vida de 80 años. Y después, la no existencia durante un período equivalente a ese mismo número multiplicado por un 1 seguido de 67 ceros. Ese es el planteamiento que divide a quienes ven la religión como un seguro de vida infinito y a quienes prefieren asumir el coste de oportunidad de una vida sin dogmas.
El debate, que podría parecer puramente filosófico, tiene una lectura económica clara: si el valor esperado de la fe es infinito (cielo eterno) y el coste de la incredulidad es infinito (infierno eterno), la racionalidad exige creer —al menos si la probabilidad de que Dios exista es mayor que cero. Pero aquí surgen los problemas de descuento intertemporal y de incertidumbre sobre qué divinidad es la correcta.
La utilidad infinita de Pascal
El argumento clásico de Pascal cobra una dimensión nueva cuando se trae a colación el número de 10^67 años. Si el Paraíso promete una felicidad eterna, cualquier tasa de descuento positiva la reduce a un valor presente finito solo si el horizonte es finito. Pero si es infinito, el valor presente es infinito para cualquier tasa de descuento menor que la unidad. Esto ha llevado a algunos analistas a calificar la religión como una "benzodiacepina" para no enloquecer ante la insignificancia cósmica. Otros, en cambio, sostienen que el ateísmo es la postura más valiente: aceptar que no hay recompensa tras la muerte y que la vida es un parpadeo sin sentido trascendente.
El problema del descuento y la competencia de dioses
Si existieran múltiples religiones con promesas contradictorias, la probabilidad de acertar se diluye. Y si la fe requiere un coste (tiempo, dinero, renuncias), la inversión puede no compensar cuando la probabilidad subjetiva de que el dios verdadero exista es baja. La postura agnóstica, que algunos tildan de "nadar y guardar la ropa", intenta minimizar el coste mientras mantiene abierta la opción. Pero el análisis económico muestra que, en presencia de infinitos, cualquier probabilidad positiva genera un valor esperado infinito, por lo que la indiferencia no sería racional.
El debate también ha incorporado la hipótesis de la simulación: si vivimos en una computadora, el "Dios programador" podría estar fuera, y la muerte sería un logout. Esta versión reduce el problema a un mero cambio de dimensión, no a una cuestión de fe.
La pregunta que nadie responde del todo es si la mente humana está equipada para manejar conceptos de infinito en decisiones con consecuencias eternas. El tiempo, como el oro, parece tener un valor que se desvanece cuando el horizonte se extiende hasta el infinito. Mientras tanto, el foro sigue debatiendo, y la Agencia Tributaria, como apuntó un comentario, podría ser la que realmente conoce la eternidad.
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