El HAARP como culpable de los terremotos en Granada: crónica del pánico
Granada tiembla desde que hay memoria. Los seísmos, muchos de ellos apenas perceptibles, forman parte de la rutina de la provincia, sobre todo a finales del verano. Esta vez, sin embargo, el temblor de tierra viene acompañado de una sacudida informativa: centros comerciales y hospitales desalojados, noticias de un supuesto éxodo de población y una teoría que señala al HAARP como arma geofísica. El resultado es un cóctel difícil de digerir.
Seísmos con sello propio
La cuenca de Granada es una de las zonas con mayor actividad sísmica de la península. La interacción entre las placas africana y euroasiática genera microterremotos casi a diario. Los vecinos lo saben: muchos llevan toda la vida conviviendo con estos avisos de la naturaleza. Las autoridades, por su parte, activaron los protocolos habituales: desalojo preventivo de espacios con alta afluencia y revisión de infraestructuras. Nada que ver, por ahora, con una agresión externa.
El fantasma del HAARP
Pero en el relato que circula en canales digitales no había espacio para la geología. La tesis es simple: el HAARP —el programa de investigación ionosférica de Alaska— estaría siendo usado para generar los terremotos, orquestado por una facción política estadounidense para desestabilizar el país. La fecha no es casual: la predicción apocalíptica que acompaña a la teoría sitúa la desaparición de Tenerife entre 2028 y 2029, con hasta 26 volcanes listos para entrar en erupción, y un tsunami que arrasaría Andalucía. Todo ello según una cadena de mensajes que mezcla datos reales con ficción.
Entre el pánico y la normalidad
Las reacciones van del fervor al sarcasmo. Quienes conocen el terreno recuerdan que los terremotos son parte del paisaje y que las alertas por evacuación son medidas de precaución, no anuncios de un cataclismo. Otros, sin embargo, comparten la hemeroteca como prueba: granizada de enlaces a noticias locales, temblores en Tenerife y una sensación de que algo se mueve. Lo curioso es que, a pesar de las dudas, el “éxodo” brilla por su ausencia: las calles siguen llenas y los hospitales atienden con normalidad.
La ciencia no tiene ninguna explicación que sostenga un ataque de HAARP; la geología, en cambio, lo tiene todo. La próxima vez que tiemblen los cimientos, la pregunta no debería ser quién aprieta el botón, sino por qué necesitamos encontrar un culpable tan lejano para un fenómeno tan cercano.