El IRPF de 2024 grava con el 37% el tramo de 35.200 a 60.000 euros
Los tramos del IRPF de 2024 son idénticos a los del ejercicio anterior, y ahí está el incendio. La escala publicada es esta:
el 19% hasta 12.450 euros, el 24% entre 12.450 y 20.200, el 30% de 20.200 a 35.200, el 37% de 35.200 a 60.000, el 45% de 60.000 a 300.000 y el 47% a partir de ahí. Sobre esa tabla se lanza la pregunta que ha abierto la discusión: si 60.000 euros son una renta tan alta como para que Hacienda se quede con casi la mitad. Nadie paga el 47% de todo su sueldo. Y aun así la confusión está muy extendida.
El error de confundir el tipo marginal con el tipo medio
El IRPF funciona por escalones: cada euro tributa al tipo del tramo en el que cae, no al más alto alcanzado. Un contribuyente que, según cuenta uno de los participantes en el hilo, ingresa
unos cientos de euros más de 40.000 brutos soporta un tipo medio cercano al 20%, aunque su último tramo sea el del 37%. El famoso «me han subido el sueldo y ahora gano menos» no existe en la ley: quien pasa de 60.000 a 60.001 tributa el 45% solo de ese euro adicional, no de toda la renta. La confusión tiene más de desconocimiento que de trapicheo, pero es un clásico. Para un soltero sin cargas que gana 20.000 euros, los simuladores que se han manejado en la conversación arrojan una cuota de unos 2.400 euros, el 12% del salario.
La deflactación que nunca llega: tramos congelados desde 2015
Aquí la crítica deja de ser ignorancia y pasa a ser matemática. Hay quien sostiene que
los tramos del IRPF no se deflactan con el IPC desde 2015, de modo que una subida salarial que solo compensa la
inflación empuja al contribuyente a pagar más sin que haya ganado un euro de poder de compra. La recaudación crece sola, sin que ningún gobierno tenga que subir tipos ni anunciarlo. Cada ejercicio que pasa sin tocar la escala, el impuesto es más caro en términos reales. Ahí, y no en el 47%, está el ajuste silencioso.
Lo que cuesta un sueldo antes de que el trabajador lo vea
El cálculo que circula va más allá del IRPF. Para un bruto de
40.000 euros, la empresa desembolsa en torno a
53.000 sumando cotizaciones; el trabajador ve unos 30.000 netos. La proporción deja al Estado con el 44% del total antes de que el empleado reciba el primer euro. A partir de ahí, IVA del 21% en casi todo salvo alimentos, impuestos especiales sobre hidrocarburos, plástico o alcohol, IBI y tasas municipales. La estimación que se maneja —discutible, pero no disparatada— sitúa la carga total cerca del 75% de lo que se produce. Es la parte del asunto donde los números asustan más que las opiniones.
Reino Unido, Francia y el imán de Andorra
La comparación internacional es el argumento que más se repite. Según se apunta en el debate, en Reino Unido
las primeras 12.750 libras (unos 14.981 euros) no tributan sea cual sea el salario, y existe una cuenta de ahorro e inversión exenta con un límite de 20.000 libras anuales. En Francia el sistema se describe como distinto: no habría retención mensual, el contribuyente guardaría el dinero y pagaría al año siguiente, con un impuesto sobre la renta más bajo pero cotizaciones y CSG que superan el 20% de la nómina; no obstante, otro participante señala que desde 2019 ya existen retenciones. El país galo llegó a aplicar, según se recuerda en el hilo,
un tipo marginal del 75% entre 2013 y 2015 a rentas por encima del millón de euros, hasta el punto de que Gérard Depardieu se nacionalizó ruso a finales de 2012. La mención recurrente a Andorra cierra el capítulo: lo que aquí se considera asfixiante, allí se considera normal.
El tramo autonómico y la franja que nadie toca
Hay un detalle que se escapa a casi todos: el IRPF se reparte entre Estado y comunidades. Según el análisis que se sostiene,
alrededor de la mitad del impuesto pagado corresponde al tramo autonómico, lo que deja margen a cada comunidad para rebajarlo por su cuenta. Madrid, con un gasto autonómico contenido, sería la que más podría mover ficha. Y llama la atención el diseño de la escala: por debajo de 60.000 los tramos son estrechos y el tipo sube del 19% al 45%, mientras que de 60.000 a 300.000 no hay ningún escalón y el tipo sube solo del 45% al 47%. Quien dibuja los tramos, se argumenta, no se aprieta a sí mismo.
Nadie discute que el sistema recauda más cada año sin tocar los tipos. La pregunta es cuánto aguanta el contribuyente antes de que el asunto deje de ser una tabla compartida. Con la escala congelada y los precios corriendo, todo apunta a que la próxima revisión llegará tarde y por obligación, no por convencimiento.