El hilo se parte en dos: pagan poco o rinden poco, y nadie cede
Arranca con una tesis y acaba con la tesis hecha pedazos. Alguien sostiene que las empresas prefieren a los mayores de cuarenta porque los jóvenes no se implican. En cuarenta mensajes de un solo día, el 28 de septiembre, eso se convierte en una pelea sobre la dirección de la causalidad.
Qué se ha sabido
Los datos que entran al hilo. Un participante dice que en su calle hay
70 bares y restaurantes en 500 metros y que ha cerrado ya el
50% por no encontrar trabajadores. Habla de ofertas a
4 euros la hora de las 18:00 a las 4:00 en locales de copas y de
8 euros por doce horas en restaurantes. Menciona un local que pagaba «con la comida» a los ayudantes de cocina.
Otro aporta su biografía laboral: le ofrecieron el puesto con
59 años y ha seguido hasta jubilarse este año. A su sustituta le calcula
55. En su empresa, dice, determinados perfiles no es buena idea que sean gente muy joven.
Y el caso contrario: en otra empresa, recién titulados que a los pocos meses se han pasado
4 días en casa por un catarro. De ahí saca que las empresas buscan seniors formados y
los pagan bien.
Alguien cuelga una
imagen sin decir nada, y el hilo ni la mira.
Dónde está la bronca
El hilo se parte en dos frentes.
En el primero, alguien lanza el diagnóstico por la meritocracia rota y lo adorna con que los jóvenes se cogen bajas porque la novia les ha dejado. Alguien le contesta que el modelo
no premia el trabajo, premia la propiedad: el niño que ensambla iPhones gana menos que quien compró la acción en su día. Y la réplica llega directa: que compre acciones el niño, entonces.
Ahí entra un tercero a corregir el uso de la palabra. Dice que se confunde constancia con esfuerzo, que una sale de tus aptitudes y la otra de la imposición de un tercero, y que no se mezclen. Es de los pocos momentos en que alguien discute por un término y no por una cifra.
El segundo frente es el Estado. Un participante defiende al empresario: que vive con la espada de Damocles encima, que no racanea el sueldo, que se lo lleva el Estado y los números no salen. La respuesta es dura: si el Estado ahoga tanto, que los empresarios se rebelen contra él y no contra el trabajador. Se le contesta que no pueden: son minoría, tienen más que perder y los sindicatos ya se encargan de que el trabajador culpe al de arriba. Y vuelta: que pagan el SMI o «según convenio», obligan al presencialismo, a las jornadas partidas y en muchos casos ni pagan la ropa de protección.
Un cuarentón remata el día identificándose con los veinteañeros: dice que él también tiene cada vez menos ganas, que se ve atrapado delante del PC y que los chavales ya se han dado cuenta de que dedicar la vida a trabajar no lleva a ninguna parte.
El aviso de las pensiones
A media tarde entra un tema que nadie había puesto encima de la mesa. Un forero avisa de que, cuando se jubile la población laboral actual, no habrá trabajadores suficientes para pagar las pensiones públicas. Dice que ve dolor para quien no tenga una pensión privada contratada desde hace años, y lo mismo con la Seguridad Social. El hilo no lo discute: pasa de largo.
Qué cambia respecto a antes
Lo que cambia es de quién es la culpa. Hasta ahora se hablaba de actitud. Aquí entran dos sospechosos nuevos: el Estado y la estructura de propiedad. Y entra un dato que zanja menos de lo que parece, porque cada bando lo lee a su favor: el del catarro prueba que los jóvenes fallan, y el de los 4 euros la hora prueba que el que falla es el que paga.
Queda una frase dando vueltas, corta y sin dueño claro, que resume el tramo entero:
sin entrar a valorar.