Por qué el café solo envasado ha tardado tanto en llegar al súper español
Recientemente, un consumidor celebraba haber encontrado por fin un café solo frío en un supermercado, un producto habitual desde hace décadas en Japón. La sorpresa revela una anomalía en los lineales españoles, donde el café preparado y refrigerado ha sido casi siempre con leche, cortado o capuchino. Las opciones sin lactosa y sin azúcar añadido eran casi inexistentes.
La asignatura pendiente del café sin azúcar
Mientras que en el mercado japonés el café solo en lata es un clásico, en España los estantes se han llenado de combinaciones lácteas y azucaradas. La razón técnica apunta a que el café solo se oxida rápidamente y pierde sabor, defecto que la leche y el azúcar disimulan. Sin embargo, el interés por una opción más sana sin edulcorantes ha empujado a fabricantes y cadenas a lanzar productos como el de la marca que ahora se encuentra en algunos lineales, con un perfil nutricional limpio: cero gramos de azúcar por cada 100 ml.
Calidad frente a conveniencia: el eterno dilema
Los catadores más exigentes advierten que el café solo envasado, por muy bien que se conserve, nunca igualará al recién hecho. "Son mierda pura, pero te sacan de un apuro", resume una opinión habitual. De hecho, hubo un precedente en el siglo pasado con un café autocalentable de sabor dudoso. El producto actual, que se puede encontrar por menos de un euro en cadenas como Aldi, no aspira a competir con la taza de bar, sino a cubrir un nicho de consumo rápido y saludable.
El fenómeno refleja cómo la oferta alimentaria se adapta lentamente a la demanda de opciones sin procesar. Mientras tanto, los hosteleros pueden respirar tranquilos: el café solo de supermercado no les robará clientela.