Vox acepta la violencia machista y su electorado le responde
Santiago Abascal declaró en una entrevista en Canal Sur que «creemos que existe violencia machista, que es una de las violencias que existen», y añadió que su partido mantiene «la posición más dura de todos los partidos del panorama político español contra los hombres que agreden o asesinan a mujeres», con propuestas como la cadena perpetua y que los violadores no salgan de prisión. Hasta esa fecha, Vox había rechazado el uso de conceptos como «
violencia de género» o «violencia machista». El cambio de formulación llega en plena negociación con el PP en Extremadura, y la reacción de buena parte de su base no se ha hecho esperar.
Qué dijo exactamente Abascal y por qué importa
La declaración no es un matiz menor. Durante años, el partido había construido parte de su identidad política sobre el rechazo explícito a la terminología de género, y sus votantes lo entendían como una línea roja. Ahora el líder acepta la expresión y la enmarca dentro de un catálogo amplio de violencias. El problema, para su electorado, no es la condena de la agresión —nadie la discute— sino la adopción del marco conceptual que llevan años combatiendo.
En el material que se discute se repite una idea: que el partido está «regalando los votos». La frase resume el malestar de quienes ven en este giro una cesión gratuita al adversario. No es una queja aislada. Aparece formulada de muchas maneras, desde el «pues ya no les voto más» hasta análisis más elaborados sobre la estrategia de comunicación.
La tesis de la reculación calculada
Hay una corriente que sostiene que no hay tal cambio, sino una operación de desgaste. Según este análisis, el adversario manipula cada palabra del partido para impedir que gane votos nuevos y, después, fabrica la sensación de que recula para que pierda los que ya tiene. Es la teoría del doble efecto: primero se tergiversa, luego se anuncia la marcha atrás. Quien defiende esta lectura insiste en que la respuesta correcta es votar más, no menos.
Frente a ella, otra parte del electorado considera que el giro es real y que responde a un cálculo de pactos. La negociación extremeña con el PP habría forzado el cambio de tono para facilitar un acuerdo de gobierno. El argumento encaja con el calendario: la declaración se produce en un momento de máxima tensión entre ambos partidos por la formación del ejecutivo autonómico.
«El mismo perro con distinto collar»
La desmovilización es el riesgo que más se repite. Varios mensajes apuntan a que el partido acabará incumpliendo sus promesas y que sus votantes huirán cuando lo comprueben, igual que ocurrió con otras formaciones que nacieron con vocación de romper el sistema. La comparación con etapas anteriores de otros partidos se usa como advertencia, no como consuelo.
También hay quien defiende lo contrario: que la posición del partido no ha cambiado en lo esencial y que la polémica es artificial. Desde esta óptica, la condena de la violencia contra las mujeres siempre estuvo ahí, y lo único que ha cambiado es la etiqueta. El debate, entonces, se traslada al terreno de las palabras: si nombrar una violencia es reconocerla o es adoptar la ideología del adversario.
El trasfondo: qué se discute cuando se discute la ley
El núcleo técnico del asunto es la ley de violencia de género y su aplicación. Hay quien sostiene que el sistema judicial trata de forma distinta los mismos hechos según quién los cometa, y que eso genera agravios objetivos. La crítica no va contra la protección de las víctimas, sino contra un diseño legal que, según esta lectura, convierte el sexo del agresor en el criterio determinante. Es un argumento que aparece formulado con detalle y que conecta con la propuesta de ampliar el marco a la violencia intrafamiliar.
La alternativa que se plantea es sustituir el enfoque de género por uno de violencia doméstica o intrafamiliar, que cubriría a todas las víctimas sin distinción. Quienes defienden esta vía argumentan que protegería también a hombres, ancianos y menores. Quienes la critican sostienen que diluye el problema específico y dificulta la respuesta institucional. La discusión, en el fondo, es sobre si el derecho debe tratar de forma asimétrica situaciones que se consideran estructuralmente distintas.
El calendario electoral manda
La coincidencia de la polémica con la campaña es el factor que más pesa en las interpretaciones. La aparición de discursos abstencionistas antes de cada cita con las urnas se señala como un patrón recurrente, y se recuerda que en convocatorias anteriores esos mismos argumentos se desvanecieron con el escrutinio. La conclusión que se extrae es que el ruido forma parte del ciclo y no de una crisis real de apoyos.
Con este panorama, la predicción más razonable es que el episodio se diluya en el resultado electoral, aunque deja una herida visible en la relación entre el partido y una parte de su base. Si el pacto extremeño se cierra, la factura se cobrará en silencio. Si no se cierra, la declaración habrá sido un precio pagado sin contrapartida.