La cita que acabó en redada: Bélgica cuela una deportación en un anuncio de regularización
La palabra “regularización” ya no significa lo mismo en Bélgica. La Oficina de Inmigración (Office des Étrangers) invitó a los indocumentados a regularizar su situación y, cuando se presentaron, los detuvo y empezó a tramitar su expulsión. La jugada, que los medios marroquíes describen como una emboscada ilegal y sin precedentes, ha convertido un trámite burocrático en un operativo policial.
Según las informaciones que circulan, el anuncio ofrecía un procedimiento especial para presentar solicitudes. Decenas de personas de distintas nacionalidades acudieron a las oficinas de Bruselas. Al llegar, la puerta se cerró y el personal de seguridad comenzó a procesarlas para la deportación. No hay cifras oficiales, pero el relato de los medios locales habla de una operación coordinada.
Un truco con apoyos y críticas
Las reacciones no se han hecho esperar. Una corriente de análisis aplaude la medida como un ejemplo de eficacia administrativa: cuesta poco, evita largos procesos judiciales y capta a quienes se delatan voluntariamente. Otros, en cambio, la consideran un engaño que erosiona la confianza en las instituciones. Y hay un tercer grupo que mira a España: los que se libraron de la expulsión en Bélgica, advierten, pueden acabar recalando en la península.
El efecto sorpresa no se repetirá. La próxima convocatoria de regularización tendrá un cartel de “trampa” y nadie acudirá. Pero la pregunta de fondo queda en el aire: ¿cuánto daño institucional está dispuesto a asumir un Estado para ahorrarse unos trámites? Por ahora, Bélgica ha ganado la partida. La cuestión es si la victoria vale lo que cuesta.