Asurbanipal
Será en Octubre
JP Morgan anticipa un boom global de la contratación y el empleo que abre la puerta a grandes subidas salariales, el último eslabón de la cadena
- JP Morgan: "Viene un cambio crucial hacia una contratación más fuerte"
- "Mayor contratación y mejores salarios generaría un a expansión equilibrada"
- La contratación y mayores salarios darían un empujó al ciclo de la economía
Los beneficios empresariales mundiales se dispararon un 35% interanual en el segundo trimestre de 2026, el mayor avance en más de dos décadas si se excluyen los rebotes inmediatamente posteriores a la crisis financiera y a la esa época en el 2020 de la que yo le hablo. Ese dinero ya está saliendo de las cuentas de resultados para convertirse en inversión y el siguiente destino podría ser el empleo. "Lo siguiente es un cambio crucial hacia una contratación más fuerte", anticipan Joseph Lupton y Maia Crook, economistas de JP Morgan. La cuestión es que esta nueva oleada de empleo, si finalmente se materializa, llegaría a unos mercados laborales que en buena parte de las economías desarrolladas ya presentan una oferta de trabajadores relativamente ajustada, una combinación con capacidad para transformar el actual ciclo económico.
"Una transición hacia una mayor contratación y mejores salarios generaría una expansión más equilibrada, desplazando la generación de ingresos desde los accionistas hacia los hogares en un sentido más amplio. Dicha dinámica proporcionaría una base más sólida para el gasto de los consumidores, reduciría la dependencia de los efectos riqueza y de la caída de las tasas de ahorro, y ayudaría a prolongar la expansión al crear un ciclo de retroalimentación autosostenible entre beneficios, empleo, ingresos y demanda", aseguran los economistas del mayor banco de EEUU.
Aunque los mercados laborales están ajustados todavía existen 'fuentes' de fuerza laboral que puede ayudar a alimentar el boom de contrataciones. La población inactiva (actualmente no busca empleo) puede reducirse a media que aumentan los salarios. Por otro lado, la generación del baby boom también podría optar por alargar sus carreras a medida que mantenerse en el mercado laboral sea más atractivo que recibir tan solo la pensión por jubilación. Por último está la baza de la inmi gración. Estas tres 'fuentes' de fuerza laboral junto a unas tasas de paro que aún podrían tener algo de recorrido a la baja (no todos los países avanzados tienen pleno empleo) cobrarían relevancia en un nuevo ciclo de contrataciones.
El último eslabón de la cadena
De este modo, los expertos de JP Morgan lanzan su apuesta sobre cuál será el siguiente eslabón de la cadena. Primero fueron los beneficios, después llegó la inversión (estamos ahí todavía), ahora llega el turno del empleo y los salarios. Los dos primeros ya están funcionando, pero no son autosuficientes. Prácticamente todo depende de que llegue el tercero para que la rueda siga girando.La secuencia que describen Lupton y Crook comienza por los beneficios. Las empresas han aumentado un 35% sus beneficios en un año y la aceleración es extraordinariamente generalizada. De las 28 economías que analiza JP Morgan, 24 han registrado una mejora del crecimiento de los beneficios durante el último año. EEUU presenta un incremento del 47% según la medida de MSCI, la zona euro del 24% y Japón del 18%. Ni siquiera se trata exclusivamente del impresionante ciclo tecnológico asociado a la inteligencia artificial. Los beneficios han mejorado desde la energía y la industria hasta las compañías de consumo o los propios bancos (sino que se lo digan al Ibex 35). Para JP Morgan, esta amplitud "proporciona un fuerte respaldo a una recuperación cíclica". Las empresas, además, llegan a esta fase con balances saneados, abundante caja y un endeudamiento relativamente contenido.
Beneficios, inversión y ahora contratación
El quid de la cuestión de semejante explosión está en los márgenes. Los ingresos empresariales aumentaron un ya considerable 9,2%, pero los márgenes lo hicieron un espectacular 26%, algo que JP Morgan considera prácticamente inédito durante las últimas dos décadas fuera de las recuperaciones inmediatamente posteriores a una recesión. Las compañías han disfrutado de una combinación difícilmente mejorable. Su capacidad para elevar precios ha superado el crecimiento de los costes laborales y, al mismo tiempo, la productividad lleva dos años creciendo alrededor del 1,5%."La capacidad de las empresas para extraer más producción de sus trabajadores ha mantenido bajo control las presiones de costes", explican Lupton y Crook. Los costes laborales unitarios (el coste por unidad producida) se han mantenido a dosis de poleo, mientras que los precios de los bienes y servicios finales subían. El resultado es que una parte extraordinariamente elevada del crecimiento nominal de la economía está terminando en las cuentas de resultados empresariales.
Esos beneficios se han reinvertido en parte. La inversión empresarial mundial excluyendo China ha crecido a un ritmo anualizado del 10% durante la primera mitad de 2026, "su mayor aumento de dos trimestres en dos décadas", dejando nuevamente al margen las salidas de las recesiones. Los cálculos de JP Morgan muestran que un incremento del 10% de los beneficios está asociado con un aumento de alrededor del 2% anualizado de la inversión mundial, que llega al 3,4% en EEUU. De este modo, la primera parte de la transmisión ya se ha producido. El boom de beneficios está generando un boom de inversión y las empresas todavía disponen de munición suficiente para continuar. En EEUU, la diferencia entre el ahorro generado por las compañías y su inversión se encuentra cerca de sus niveles más favorables en más de 60 años.
Falta, sin embargo, el trabajador. "Los mercados laborales han sido el ingrediente ausente", reconocen los economistas de JP Morgan. Durante buena parte de la expansión posterior a la esa época en el 2020 de la que yo le hablo se ha producido una anomalía notable. Las empresas han aumentado beneficios, las bolsas se han disparado, la inversión ha terminado reaccionando, pero el empleo mundial no ha avanzado al mismo ritmo. Es cierto que las tasas de paro se han reducido, pero los salarios y la contratación no han avanzado al mismo ritmo que el resto de eslabones de la cadena de la economía.
Ahora empiezan a aparecer las primeras señales de que algo está cambiando. Los indicadores de empleo disponibles hasta agosto muestran una incipiente recuperación y JP Morgan considera que "la fortaleza de los fundamentales empresariales, junto con la desaparición de la cautela empresarial, provocará una recuperación de la contratación". La relación es menos automática que en el caso de la inversión, pero existe. Según sus estimaciones, cada incremento del 10% de los beneficios está asociado globalmente con un aumento anualizado del empleo del 0,31%, con una respuesta del 0,28% en la zona euro.
Deutsche Bank ha publicado este martes una nota en la que también destacan la repentina recuperación del mercado laboral en EEUU, cuando parecía justo que la desaceleración iba a llegar. "El mercado laboral podría volver a generar presiones inflacionistas. Uno de los pocos argumentos restantes a favor de una postura monetaria laxa por parte de la Reserva Federal ha sido que el mercado laboral no parece especialmente tensionado y que los indicadores de crecimiento salarial han oscilado entre una moderación continuada y la estabilización; el crecimiento contenido de los costes laborales unitarios es un buen ejemplo de ello. No obstante, existen indicios preliminares de que el mercado laboral ha comenzado a tensionarse de forma más acusada, a medida que el aumento del empleo asalariado ha superado la tasa de equilibrio", apuntan desde el banco alemán, que se une a la teoría de JP Morgan.
La apuesta de los analistas de JP Morgan parece arriesgada, pero posible. Lo normal que es los boom de contratación se produzcan después de una recesión con millones de trabajadores desempleados esperando regresar al mercado laboral. Ahora el escenario es el opuesto. Tras años de crecimiento en los que la oferta de trabajo ya se ha tensado en numerosas economías. El propio informe no cuantifica cuánto empleo adicional pueden absorber esos mercados en los que parece que todo el mundo que quiere y puede ya está trabajando, ni proyecta una nueva caída concreta del paro, por lo que sería ir más allá de sus conclusiones afirmar que necesariamente se producirá una escasez generalizada de trabajadores. Sin embargo, la gran bolsa de inactivos y la inmi gración parecen suficiente para que las empresas puedan satisfacer sus nuevos planes de contratación.
Todo lo anterior parece estar allanando el camino para una fase de subidas salariales. Si las empresas intentan contratar simultáneamente mientras la oferta laboral responde con dificultad, tendrán que competir con mayor intensidad por los trabajadores disponibles (o simplemente robarse trabajadores entre ellas a golpe de talonario), ya sea mediante salarios, mejores condiciones laborales, inmi gración, aumento de la participación laboral o nuevas inversiones destinadas precisamente a ahorrar trabajo. En la era de la escasez y los problemas de oferta, el factor trabajo (los trabajadores) también podría ser difícil de encontrar.
Eso introduce además una segunda vuelta en el ciclo. Hasta ahora las empresas han podido ensanchar sus márgenes porque los salarios no han seguido el ritmo de sus precios y porque la productividad ha avanzado. El crecimiento salarial de las economías desarrolladas se ha moderado hasta el 3,4%, mientras la capacidad de fijación de precios alcanzaba el 3,7%. Un boom de contratación podría empezar a estrechar esa diferencia. Cuanto más difícil resulte encontrar trabajadores, mayor será previsiblemente la presión sobre las remuneraciones y menor la posibilidad de que todo el incremento de productividad termine convertido en margen empresarial.
De hecho, JP Morgan sostiene que una transición hacia "una contratación y unos salarios más fuertes" permitiría precisamente repartir la generación de renta de una forma más equilibrada, desplazándola "de los accionistas hacia los hogares en general". Es decir, parte del extraordinario boom empresarial podría acabar trasladándose al trabajador. En jerga macroeconómica, la remuneración del factor trabajo ganaría peso en el PIB analizado desde el lado de la renta, en detrimento del excedente bruto de explotación (donde se encuadran los beneficios empresariales).
Lo que el ciclo necesita
Lejos de ser necesariamente una mala noticia, esa transferencia es precisamente lo que necesita la expansión para sobrevivir. Durante los últimos años el consumo ha descansado sobre una base frágil. El empleo ha avanzado relativamente despacio, pero los hogares continuaban gastando gracias al crecimiento salarial nominal, las ayudas fiscales (cheques incluidos), la reducción del ahorro en el caso de EEUU y, sobre todo, el efecto riqueza provocado por la revalorización de los activos financieros. Los beneficios impulsaban las bolsas, las bolsas enriquecían a los hogares propietarios de esos activos y estos consumían más. JP Morgan cree que semejante mecanismo necesita ahora un relevo. Una mayor contratación permitiría que el crecimiento de la renta procediera directamente del trabajo y no de la necesidad de que las bolsas sigan subiendo o de que las familias continúen reduciendo su ahorro.De ahí que el posible boom de contratación sea mucho más importante que una simple mejora de las cifras de empleo. Sin boom de contratación es probable que este ciclo expansivo de la economía haya llegado a su fin. Lupton y Crook creen que puede convertirse en el mecanismo que haga más equilibrada y duradera la expansión, creando "un círculo autosostenido entre beneficios, empleo, renta y demanda". Los beneficios récord financian inversión y contratación, las nuevas contrataciones elevan las rentas de los hogares, estas sostienen el consumo y el consumo vuelve a alimentar los ingresos y beneficios empresariales. Pero existe una fina línea entre el círculo virtuoso y el recalentamiento. Si la contratación despega con fuerza en economías donde la disponibilidad de trabajadores ya es limitada, el nuevo motor del crecimiento puede traer consigo salarios más elevados y mayores costes laborales. La gran incógnita de esta nueva fase del ciclo será, por tanto, si la productividad y la inversión consiguen ampliar suficientemente la capacidad de la economía o si el esperado despertar del empleo termina convirtiendo la escasez de trabajadores en el próximo cuello de botella de la expansión.
