Putin reclama Alaska y declara ilegal la venta del siglo XIX
La reclamación no va a mover ni un metro de frontera. Lo sabe cualquiera que haya mirado un mapa, y lo repiten casi todas las lecturas del asunto:
Estados Unidos no va a compartir el continente americano con Rusia. Lo interesante no es la viabilidad, es el uso. La tesis de que la venta de Alaska fue ilegal se instala en el relato oficial ruso en plena campaña electoral y con una guerra abierta, y eso convierte una vieja escritura notarial del siglo XIX en munición política.
De Crimea y Abjasia a Alaska: la reclamación como herramienta
Antes de Alaska hubo Crimea. Y antes, Abjasia, Osetia del Sur, Transnistria, las Kuriles, Georgia y Armenia. La lista de disputas territoriales en las que Rusia ha estado implicada funciona en la conversación pública como argumento de autoridad: cada reclamación se presenta como una pieza más de un mismo discurso, el de que las fronteras heredadas son revisables cuando conviene.
Hay quien lee en esa secuencia un patrón calculado y quien la considera simple
ruido diplomático. El problema de fondo es otro: si el criterio es que un acuerdo de compraventa del siglo XIX puede declararse nulo retroactivamente, el inventario de tratados revisables se vuelve inmanejable. Rusia no pide un territorio por primera vez; lo que cambia es el marco argumental.
¿Puede sostener la reclamación con la guerra de Ucrania abierta?
Aquí se rompe el relato. El argumento más repetido es de pura aritmética militar: quien no ha conseguido imponerse en Ucrania difícilmente puede plantear una exigencia territorial a la primera potencia del continente americano. La formulación más repetida es que ya no puede ni llegar a Kiev como para reclamar Alaska.
A eso se añade el desgaste material. Hay quien sostiene que el ejército ruso ha dilapidado divisiones enteras tratando de invadir un país que no figura entre los grandes, y que la costa oriental rusa queda expuesta a ataques con drones. La conclusión que se extrae de esa lectura es que la reclamación de Alaska no es una amenaza: es una declaración sin respaldo operativo.
Florida, Luisiana y California: las reclamaciones que España no cobró
El paralelismo español aparece enseguida. La Florida y la Luisiana pasaron a Estados Unidos sin que España llegara a cobrar nada, y sin apenas disparar un tiro. Se recuerda incluso que el tratado de la Florida se firmó con Fernando VII en un estado que la conversación describe con sorna. De ahí salta la pregunta obvia: ¿por qué no reclama España California, Tejas, Nuevo México o la propia Florida?
Circula una cifra que resume el agravio: dos billones de euros o dólares de un préstamo vinculado a la independencia americana, con un interés anual del 5%, que nunca se habrían pagado. Hay quien añade que España sí podría reclamar islas del Pacífico con más fundamento jurídico que Moscú y que no lo hace por falta de voluntad política. Otros bajan el asunto al chiste: Manhattan, la Luisiana y hasta el tratado firmado por un rey que no estaba en condiciones de firmarlo. La misma lógica, aplicada a Washington, se convierte en humor.
¿Por qué ahora? El calendario electoral y el relato nacionalista
La explicación más compartida apunta a marzo. La reclamación encaja con la campaña de las elecciones rusas y sirve para azuzar el nacionalismo antes de votar. Se describe como un
brindis al sol más: total, todos dicen pechopalomadas y una más no cambia nada.
Ese es, probablemente, el punto donde más acuerdo hay. La reclamación no se lee como un plan, sino como propaganda interior con destinatario doméstico. Y de paso deja un efecto colateral poco discutido: normaliza la idea de que un país puede desconocer unilateralmente un tratado de hace siglo y medio, algo que a Moscú le sirve mucho más en Crimea o en el Donbás que en Anchorage.
Lo que hay debajo del hielo: recursos y rutas árticas
Si alguien busca un motivo económico, está en el subsuelo. Se menciona la exploración de clatratos —hidratos de gas en el fondo marino— como una de las líneas de trabajo ya en marcha por parte de otros países del Pacífico. Alaska no es solo territorio: es plataforma ártica, gas y una posición que ningún Estado cede por simpatía.
Detalle histórico que suele olvidarse: Canadá no existía como sujeto soberano cuando se cerró la operación. El territorio dependía del imperio británico, y una de las razones que se dan para la venta fue impedir que los ingleses pudieran presionar por dos flancos. Los mapas antiguos no sostienen ninguna reclamación actual, pero explican por qué la operación se hizo como se hizo.
La predicción, con reservas: Alaska seguirá en los mapas con bandera estadounidense, y esta reclamación acabará archivada como tantas otras. Lo que no está tan claro es qué precedente deja. Si el criterio de la venta ilegal cuaja como argumento aceptable, el próximo tratado que alguien decida no reconocer no tendrá por qué ser del siglo XIX.