Alquiler en Valencia: más de 1.000 euros y el triple de ingresos
¿Cuánto hay que ingresar en Valencia para firmar un contrato de
alquiler? Según el mensaje que abre este debate, los alquileres pasan de los mil euros y piden el triple de ingresos. En un sexto piso cerca de la Avenida de la Plata, en el barrio de Monteolivete, el ascensor avisa en cuatro idiomas —castellano, inglés, francés y alemán— de que no suban más de tres personas. El cartel no está pensado para los vecinos. Está pensado para los visitantes extranjeros que entran y salen de los pisos de uso turístico del mismo edificio.
La Comunitat Valenciana, segunda autonomía en pisos turísticos
Los números que maneja el sector dibujan una presión que no se reparte por igual. En España, las viviendas de uso turístico aumentaron un
9,2% en el último año hasta sumar 340.424 apartamentos. La Comunitat Valenciana es la segunda región del país en esta modalidad, con casi
60.000 apartamentos.
En Valencia capital, la comparación que más circula es la de 60.000 pisos turísticos frente a 10.000 residenciales. Otras fuentes del sector sitúan el parque de vivienda residencial ofertada en 63.320 unidades. La magnitud exacta admite discusión. La dirección del fenómeno, bastante menos.
¿Cuánto pesa el alquiler turístico en la escasez de pisos?
Aquí es donde el relato se rompe. Según los cálculos que se citan, los pisos turísticos representan en torno al
1,3% del total de viviendas del país y no llegan al 10% de los hogares que viven de alquiler, una bolsa que se estimaba en 3,4 millones en 2019. Un parque de ese tamaño no explica por sí solo que el alquiler se haya disparado.
La conclusión que extrae buena parte del sector es incómoda: el problema no es solo el piso que se convierte en apartamento turístico, sino el piso que directamente
desaparece del mercado residencial. Se retira, se deja vacío o se vende. Cada unidad que sale de la oferta empuja el precio del resto hacia arriba.
La inseguridad jurídica y la ley de vivienda: la oferta que se retira
El argumento que más se repite entre pequeños propietarios es el del riesgo. No el de perder un mes de renta, sino el de perder la vivienda durante años. El escenario que describen es siempre el mismo: un inquilino que deja de pagar, un desahucio que se alarga, y un propietario que sigue pagando IBI, agua, luz y basura del inmueble mientras el asunto se ventila.
A eso se suma un detalle que, según se apunta en el debate, suele pasarse por alto: si el arrendatario cobra el
SMI, inembargable, y no tiene patrimonio, la deuda impagada difícilmente se recupera. El propietario asume el impago sin vía de resarcimiento. Con ese panorama, hay quien sostiene que la ley de vivienda ha funcionado como un acelerador, no como un freno.
En contra pesa que el diagnóstico no es nuevo ni exclusivo de esta norma. Se apuntan otras causas estructurales: las limitaciones a la construcción, el empobrecimiento general y un hecho tozudo —todo el mundo quiere vivir en el mismo sitio, y eso encarece cualquier cosa.
De 400 euros al mes en 2013 a 750 en Valencia capital
La comparación temporal ayuda más que cualquier soflama. En 2013, en la capital valenciana se veían tres o cuatro carteles de «se vende» en los portales de casi todos los edificios de tamaño medio, según el relato de un forero. Las oficinas bancarias ofrecían folletos con doscientos o trescientos pisos a la venta, y había alquileres de
400 euros al mes en barrios fuera del centro. Eso fue antes de que las carteras inmobiliarias se empaquetaran y acabaran en manos de fondos de inversión.
Hoy, los anuncios de
750 euros en Valencia capital se presentan como la parte razonable del mercado. Y la exigencia que acompaña a cualquier contrato, según el mensaje que abre el debate, es la del triple de ingresos.
El efecto no se queda en el centro de la ciudad
El fenómeno tampoco es exclusivo de los cascos históricos. En Benidorm, una promotora escrituraba pisos de obra nueva mientras otros compradores ya los revendían: entradas de 300.000 euros que salían al mercado por 350.000 antes de entregar las llaves. Entre medias, quien solo quería seguir viviendo en su zona se ve empujado hacia la periferia o fuera de ella.
Mientras, la respuesta pública se queda en el gesto. Se discute qué se regula, quién paga el impago y qué pasa con el que se atrinchera, pero la lista de espera de la vivienda no se acorta. Ironía fina: el único texto que se ha traducido a cuatro idiomas es el cartel del ascensor.
Datos clave del asunto
- Viviendas turísticas en España: 340.424, un 9,2% más en el último año.
- Comunitat Valenciana: casi 60.000 apartamentos turísticos, segunda autonomía del país.
- Valencia capital: 60.000 pisos turísticos frente a 10.000 residenciales, según los datos que se citan.
- Alquileres de 400 euros al mes en barrios de Valencia capital en 2013, según el relato de un forero.