El cohete demográfico se gripa: la mitad de nuevos habitantes
El crecimiento de población en España se ha partido por la mitad en lo que va de año. Frente a los
600.000 nuevos habitantes anuales que se registraban en los dos ejercicios anteriores, los primeros seis meses de 2024 dejan apenas
160.000. El dato, que circula en los foros de análisis económico con más ironía que sorpresa, apunta a un frenazo que algunos llevaban tiempo esperando. La causa que se repite: precios de vivienda, coste de la vida y sueldos que no acompañan. El cohete, dicen, empieza a quedarse corto.
El frenazo demográfico que ya se nota en las matriculaciones
El efecto no se queda en la estadística de residentes. En junio las ventas de coches a particulares cayeron un
2% y, sin el empuje del sector alquilador, las matriculaciones del año estarían ligeramente en rojo. Es el tipo de señal que los analistas leen como termómetro del consumo real de las familias.
Hay quien sostiene que el crecimiento poblacional de los últimos años era insostenible con los salarios actuales y que su desaceleración es una buena noticia. Otros lo ven como el síntoma de que el modelo se agota. Lo que nadie discute es que el ritmo se ha roto.
Más empleo que nunca y la pobreza batiendo récords
La paradoja que vertebra el análisis es la del mercado laboral. Se contabilizan cifras de ocupación históricas, pero el desglose deja dudas: los
fijos discontinuos inactivos, las prácticas de FP, los cursos del SEPE y los parados mayores de 52 con prestación engordan el cómputo de afiliación. La crítica se centra en que la estadística no distingue entre trabajar y estar dado de alta.
A eso se suma el reparto de horas. El número de ocupados crece más rápido que el total de horas efectivamente trabajadas, lo que apunta a un reparto del trabajo en lugar de a una creación neta de empleo a tiempo completo. El cálculo completo, normalizado por población activa, da un cuadro bastante menos brillante que el titular oficial.
¿Por qué sube la afiliación y también la deuda pública?
La pregunta que sobrevuela el análisis es contable: si hay más cotizantes que nunca, ¿por qué la Seguridad Social necesita cada vez más financiación vía deuda? La respuesta que se apunta es que la base de cotización media no crece al ritmo de los afiliados, y que buena parte del empleo creado es parcial o subvencionado.
En paralelo, el sector público engorda. Se señala que una parte del empleo contabilizado como privado son contratas de servicios municipales —limpieza, jardines, reciclaje— que viven de la subvención. El sector privado real, el que compite en mercado, no crece igual.
El consumo se sostiene en el turismo, no en el bolsillo
La lectura más optimista insiste en que la economía va bien: locales llenos, negocios que no cierran, movimiento en la calle. La lectura escéptica responde que el consumo visible se concentra en zonas turísticas y de renta alta, mientras el pequeño comercio de barrio se apaga y los locales vacíos se multiplican fuera del centro.
El debate sobre quién consume a quién también aparece: se apunta que alrededor del
37% de la población mantiene, de una u otra forma, al 73% restante entre pensionistas, dependientes, estudiantes y menores. La foto macro mejora; la foto de la cesta de la compra, no tanto.
El SMI de 4.000 euros y otras fantasías de sobremesa
La discusión deriva en un choque de cifras sobre lo que significa un sueldo digno. Una corriente defiende que mantener una familia de cuatro miembros exige
4.000 euros netos al mes —1.000 de vivienda, 1.000 de comida, 1.000 de gastos y 1.000 de ahorro— y que todo lo que quede por debajo es precariedad disfrazada.
La respuesta contraria recuerda que el salario medio neto en España ronda los
2.000 euros y que fijar el SMI en 4.000 no crea riqueza, solo inflación. El intercambio se calienta y acaba, como casi siempre, en descalificaciones mutuas que no aportan un solo dato nuevo.
El país que no deja de liderar los rankings que nadie quiere
El cierre del análisis vuelve al punto de partida. España sigue encabezando en la OCDE las listas de desempleo, pobreza, desigualdad y pérdida de poder adquisitivo, y el aumento de población de los últimos años no ha corregido ninguna de esas posiciones. Se argumenta que el
95% de los nuevos residentes llega en situación de vulnerabilidad económica, lo que difícilmente puede mejorar los indicadores.
Con estos mimbres, la pregunta no es si el cohete se gripa, sino cuánto tardará en quedarse definitivamente sin empuje. ¿Y si el frenazo demográfico que algunos celebran fuera, en realidad, el síntoma de algo peor?