Los 21 millones de afiliados y el debate sobre los fijos discontinuos
En abril de 2024, la Seguridad Social superó por primera vez los 21 millones de afiliados medios: 21.101.505, casi 200.000 más que en marzo. El paro registrado bajó a 2.666.500 personas, la cifra más baja desde septiembre de 2008. La ministra Elma Saiz lo celebró como un mes que «pasará a los anales de la historia». Pero el entusiasmo oficial choca con las advertencias de algunos analistas: el 36% del aumento del empleo correspondió a trabajadores extranjeros, la temporalidad sigue en el 12,56% y desde Funcas señalan que el crecimiento procedió de contratos fijos discontinuos, mientras el resto de indefinidos cayó en términos desestacionalizados.
El debate sobre los 21 millones de afiliados
La cifra récord de afiliados medios es cuestionada por algunos analistas críticos, que sostienen que esconde una trampa estadística. El total incluiría a los fijos discontinuos, trabajadores que cobran el paro fuera de temporada pero que computan como empleados fijos todo el año. Según los cálculos que manejan los escépticos, España ha alcanzado el millón de fijos discontinuos. A esto se suma, según estas voces, la afiliación de funcionarios al Régimen General, que antes estaban separados, y los parados con subsidio que cotizan sin trabajar.
El resultado, según estos críticos, es una foto que no refleja la realidad del mercado laboral. Mientras el número de cotizantes crece, el déficit de la Seguridad Social no deja de aumentar y las cotizaciones siguen subiendo. La ecuación no cuadra: más afiliados, pero más presión sobre las cuentas públicas.
¿Por qué sube el empleo si la productividad baja?
La contradicción es señalada por algunos participantes. La productividad sigue cayendo mientras el empleo crece. Para algunos analistas, esto solo se explica si las estadísticas están maquilladas. El cálculo de horas efectivas trabajadas, que es el indicador real de actividad, muestra una subida mucho más modesta que la de afiliados. En 2018 se registraban 628.650 horas semanales; en 2024, 664.739. Un aumento del 5,7% que no guarda relación con el bombardeo de titulares triunfalistas.
El sector público también distorsiona la comparación, según estos análisis. Los empleados públicos han pasado de 3,1 millones en 2018 a 3,5 millones en 2024, medio millón más que en 2008. La deuda pública, mientras, ha escalado de 1,2 a 1,6 billones de euros. Crecer a base de deuda y empleo público no es crecer, sostienen.
El SMI y las pymes: la puntilla que nadie quiere ver
La subida del salario mínimo interprofesional ha sido presentada como una victoria social. Pero para las micropymes y autónomos, cada incremento es una losa, según algunos empresarios y asesores fiscales. No se trata solo de los 50 euros mensuales de la última subida: hay que sumar las anteriores, el aumento de la luz y el gas, las cotizaciones sociales y la reducción de horas. Para un negocio con dos trabajadores, el diferencial acumulado puede superar los 6.000 euros anuales.
El tejido de microempresas que supuestamente sostiene España es, en muchos casos, un negocio precario que languidece durante meses antes de poner el cartel de se traspasa, según la experiencia de un asesor fiscal. La visión cortoplacista del empresario medio, que ajusta márgenes al máximo sin invertir en crecer, agrava el problema. Pero culpar solo al SMI sería simplista: flexibilizar el mercado sin más, con una productividad a la baja y una inmigración descontrolada, también es receta para la miseria, advierten.
Los fijos discontinuos y el paro que no se cuenta
El descenso del paro registrado en 60.503 personas hasta los 2.666.500 desempleados es real, pero incompleto, según los críticos. Los fijos discontinuos, que trabajan en verano, Semana Santa y puentes, cobran el paro fuera de temporada. Sin embargo, computan como afiliados en los meses de actividad y desaparecen de las listas del paro cuando no trabajan. Es un juego de trilerismo estadístico que infla la cifra de ocupados y reduce artificialmente la de parados, sostienen.
La hostelería fue el motor del crecimiento en abril, con 91.913 nuevos puestos, seguida de las actividades administrativas y el comercio. Baleares, Andalucía y Cataluña concentraron dos tercios del total. Son datos positivos, pero estacionales. Cuando llegue el otoño, muchos de esos contratos se esfumarán.
La desconfianza hacia las estadísticas oficiales
La desconfianza hacia los organismos oficiales es creciente entre algunos participantes. El INE, el CIS y RTVE están dirigidos por personas con filiación política conocida, lo que alimenta la sospecha de manipulación. La estadística, como dijo alguien, es la ciencia que pervierte la matemática: sobre un mismo hecho puedes leer titulares que dicen que sube, que baja, que vuela o que ladra.
La realidad es que el mercado laboral español sigue lastrado por la precariedad, el paro juvenil y la baja productividad, según estos análisis. Los datos macroeconómicos pueden ser un espejismo si no se acompañan de reformas estructurales. Mientras tanto, la deuda pública crece, los impuestos suben y la economía sumergida no deja de ser un refugio para muchos.
El dato que descoloca: con 21 millones de afiliados, España tiene más cotizantes que nunca, pero también más deuda, más empleo público y una productividad que no levanta cabeza. Algo no cuadra, concluyen.