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Botas tipio skin head y la feminización de lo masculino por culpa de la moda de las tias
Las Martens ya no son solo de skinheads: las lleva todo el mundo
Hubo un tiempo en que unas botas Dr. Martens identificaban a un tipo concreto de persona. Skinheads, punks, heavies, rockers. Según un participante, en el Madrid de finales de los noventa unas Martens auténticas traídas de Inglaterra costaban más de 100 euros cuando el euro acababa de llegar, y solo las llevaban los skins con más dinero o con la estética más cuidada. Hoy las lleva cualquiera. Y eso, según una parte del personal, es un problema. No porque las botas hayan cambiado, sino porque quien las lleva ha cambiado.
El planteamiento original es simple: prendas que nacieron para un uso masculino o deportivo —Converse, Vans, botas de motero, botas de cowboy, chaquetones doble faz— han sido adoptadas masivamente por mujeres, y el hombre que las sigue usando queda automáticamente etiquetado. La pregunta que sobrevuela es hasta qué punto eso responde a una realidad o a un prejuicio de quien mira.
De calzado obrero a símbolo de tribu urbana
Las Dr. Martens no nacieron como objeto de deseo. Nacieron como calzado de trabajo. Y su salto a la cultura juvenil vino de la mano de los primeros skins jamaicanos y mods en los años sesenta, gente de clase obrera y en general apolítica, muy lejos del estereotipo neonazi que se les colgó después. La escisión llegó en los ochenta, cuando una parte del movimiento derivó hacia la extrema derecha y otra se organizó en torno a los redskins y los SHARP, rapados antifascistas que se mezclaban con punks, heavies y demás tribus de izquierdas.
En España, esa mezcla tuvo geografía. En Madrid había punkis de varias facciones, y en el País Vasco las Martens llegaron vía Inglaterra en los ochenta y se popularizaron. Se compraban en Bilbao, en Getxo, y las llevaba todo el mundo: rockers, heavies, punkis. Las primeras que uno tuvo, cuenta un participante, las compró en Bilbao, y luego ya en Getxo.
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El precio como filtro social
Hay un dato que explica muchas cosas: el precio. Según un participante, a finales de los noventa y principios de los 2000, unas Dr. Martens auténticas traídas de Inglaterra valían más de 100 euros. En pesetas, un desembolso considerable para un chaval. Eso convertía las botas en un filtro económico: las llevaban los skins mayores, los que tenían más dinero o los que cuidaban más la estética. Los más jóvenes, los más precarios, iban con lo que podían.
Ese filtro se ha roto. Hoy las Martens las lleva cualquiera, desde chortinas pijas hasta metaleros, pasando por skins, pseudopunkys y rockabillis. Son botas unisex, dicen. Y ahí está el conflicto: si ya no distinguen a nadie, ¿siguen significando algo?
La calidad como queja transversal
La otra queja que recorre el asunto no es estética, es industrial. Las Martens nuevas, al parecer, se fabrican en China con mucha peor calidad que las antiguas. Es un lamento que trasciende tribus urbanas: da igual si eres skin, heavy o simplemente alguien que quiere unas botas que duren. La deslocalización productiva se ha llevado por delante el producto, y el consumidor lo nota en el pie.
El precio, mientras tanto, no ha bajado. Casi 200 euros por unas botas que ya no se fabrican como antes. La ecuación no cuadra para nadie.
El género de las prendas: ¿quién se apropia de qué?
El núcleo del asunto es otro. Se sostiene que las mujeres se han apropiado de prendas tradicionalmente masculinas —botas, cazadoras de motero, chaquetones de cowboy— y que el hombre que las sigue usando queda señalado. La respuesta más repetida es que eso siempre ha pasado: en los setenta, los heavies iban maquillados y con mallas; las campanas y las cazadoras toreras ya tenían miga. Las modas van y vienen, y nadie impide ponerse unas Martens con un pantalón de pana.
Hay quien va más allá y lo enmarca en una supuesta crisis de masculinidad: si te sientes menos hombre por llevar unas botas que llevan mujeres, el problema no son las botas. Y hay quien responde que la cuestión no es esa, sino que las mujeres se han masculinizado —tatuajes, forma de vestir, de hablar— y eso resta feminidad. Dos corrientes que no se van a poner de acuerdo.
El punto exacto donde se atasca
La discusión no avanza porque cada parte habla de cosas distintas. Unos hablan de libertad individual: ponte lo que quieras. Otros hablan de significado colectivo: si todo el mundo lleva lo mismo, la prenda deja de decir algo. Y unos terceros hablan de mercado: las botas siguen a la venta para hombre, pero cada vez más difíciles de encontrar, y las que hay son más caras.
Mientras tanto, las Martens siguen en las estanterías, a casi 200 euros, fabricadas en China, llevadas por todo el mundo. La anilla del tobillo ya no distingue a nadie. Solo sujeta una cinta.
💬 LO QUE DICEN LOS FOREROS
«Las martins hoy en día las lleva cualquiera, desde chortinas pijas hasta metaleros, pasando por skins, pseudo punkys, rockabillis. Son botas unisex.»
— Ponzio · Universalización de las Martens
«En los 90 las martins ya las llevaban las mujeres, las había de colorines.»
— Guanotopía · Cronología del calzado
«Las Martens son una maravilla, es una pena que las nuevas al parecer son fabricadas en China con mucha peor calidad.»
— lucky starr · Calidad y deslocalización
📊 OPINIONES
Peso aproximado de cada postura en el debate. No es una encuesta.
La prenda no tiene género, la lleva quien quiere45%
Las mujeres han masculinizado su estética y roban símbolos30%
El problema real es la calidad y el precio25%
📌 DATOS
Las Dr. Martens auténticas costaban más de 100 euros a finales de los 90, según un participante
Las nuevas Martens se fabrican en China con peor calidad según los usuarios
En los 90 las Martens ya las llevaban mujeres y había modelos de colorines
❓ PREGUNTAS FRECUENTES
¿Se siguen fabricando las Dr. Martens en Inglaterra?
Según las quejas que circulan, las nuevas unidades se fabrican en China con una calidad notablemente inferior a las antiguas. Es un lamento transversal que afecta a todos los perfiles de consumidor, independientemente de su estética o tribu urbana. El precio, sin embargo, no ha bajado: sigue rondando los 200 euros.
📅 EVOLUCIÓN
Años 60Los primeros skins jamaicanos y mods adoptan las Dr. Martens como calzado de clase obrera
Años 80El movimiento skin se escinde entre extrema derecha y redskins/SHARP antifascistas; las Martens llegan al País Vasco vía Inglaterra
Años 90Las Martens se popularizan entre múltiples tribus urbanas; las mujeres ya las llevan y existen modelos de colorines
Finales de los 90Las Martens auténticas traídas de Inglaterra superan los 100 euros y funcionan como filtro económico entre skins
Años 2000La fabricación se deslocaliza a China y la calidad se deteriora según los consumidores
💬 POR QUÉ PARTICIPAR
✓El desglose de qué facciones punkis llevaban Martens en el Madrid de finales de los noventa y por qué el precio las convertía en un filtro social
✓La explicación técnica de para qué sirve la anilla del tobillo en las botas de motero y por qué muchas solo tienen una
✓El dato de que las Martens llegaron al País Vasco vía Inglaterra en los 80 y se compraban en tiendas concretas de Bilbao y Getxo
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