Por qué Alvise rompe el voto de la derecha sin que el PP reaccione
¿A quién le ha quitado los votos Alvise? La pregunta sobrevuela el escrutinio y admite dos respuestas incómodas. El recuento dice que Alvise
entra en el Parlamento Europeo con tres escaños, que el PP sumó diez escaños más, Vox tres, y que Ciudadanos se dejó siete por el camino. Con esos mimbres, tanto vale hablar de reparto del pastel como de ampliación del mismo.
La duda no es menor. Si Alvise solo canibalizó al PP y a Vox, la derecha institucional afronta un juego de suma cero. Si, en cambio, sacó de casa a quien nunca iba a votar por nadie, el tablero se ensancha. Lo incómodo es que las dos lecturas pueden ser ciertas a la vez, y cada cual escoge la que le conviene.
Tres escaños y ninguna lectura cómoda
El trasvase que se dibuja es mixto. Alvise recoge votos del PP, de Vox y —aquí está la clave— de la abstención. Un cálculo que circula sostiene que, sin su candidatura,
la participación habría caído del 48% al 43%. Traducido: sin él, la desmovilización habría ganado terreno, que era justo lo que muchos querían evitar.
Para el PP el dato duele. Se le suponía el gran beneficiario de un ciclo conservador y ni dobla a Vox ni liquida a nadie por su derecha. La desaparición de Ciudadanos no le ha servido para concentrar nada, porque ese espacio ya no se fía: se ha ido a otra parte o directamente ha dejado de existir como bloque.
PP y PSOE votaron igual el 90% de las veces en Bruselas
Hay un dato que envenena cualquier defensa del voto útil.
El PP y el PSOE votaron lo mismo casi el 90% de las veces en el Parlamento Europeo en los últimos cinco años, según la documentación que se cita. En Bruselas la coalición ya existía: la derecha española y la izquierda española remaban en la misma dirección casi siempre.
Ese porcentaje explica buena parte del enfado. Quien votó al PP esperando oposición se encuentra con que el adversario europeo es el socio europeo. Y quien votó a Alvise en clave de castigo dispone ahora de un argumento difícil de rebatir: el sistema, viene a decir, funciona con independencia de quién gane en Madrid.
¿Qué cambia con el pacto del PPE y el PSOE?
Von der Leyen anunció que el
Partido Popular europeo pactará con el PSOE para construir un bastión contra la extrema derecha. La frase, leída en clave española, tiene consecuencias:
el voto al PP no altera la aritmética de Bruselas. Los populares europeos seguirán gobernando con los socialistas y con los verdes.
Aquí el análisis se parte. Unos ven en ese pacto una forma de aislar a Vox y a Alvise y de mantener intacto el centro europeo. Otros sostienen lo contrario: que legitimar el marco del PSOE desmoviliza a la derecha y moviliza a la izquierda, que es exactamente lo que ha vuelto a ocurrir.
El PP no es la derecha: el diagnóstico que Génova no asume
La tesis más repetida no habla de sumas, sino de identidad.
El PP no es la derecha, sostienen, y por eso no puede reclamar un voto que nunca fue suyo. Su coqueteo con el discurso del feminismo sensato, su defensa cerrada de la agenda climática y su tratamiento de cualquier alternativa como apestada le han ido dejando sin margen por ese flanco.
El argumento tiene miga. Al tratar a Vox como un paria, el PP legitima el relato de que todo lo que no sea su propio marco es fascismo. Y si se desplaza una micra hacia el centro, se queda sin discurso propio. La pinza es real y no se resuelve subiendo escaños en unas europeas.
El votante que no vuelve
Hay un patrón que se repite, según este diagnóstico: el votante que se ha ido no vuelve. El de Vox no regresa al PP; el del PSOE ficha siempre por el PSOE. Queda un núcleo que aguanta por miedo a que le cuelguen según qué etiqueta, pero ese núcleo no crece, mientras la izquierda sí se moviliza elección tras elección.
En ese contexto, Alvise funciona como válvula de escape. Su votante se describe como joven, cabreado y abstencionista de base: gente que en otras citas se quedaba en casa o votaba en clave de castigo. Si el PSOE acabó gobernando, la pregunta que flota es si esa válvula ayuda o estorba a la hora de echar a Sánchez.
Con Alvise dentro y Ciudadanos fuera, con Von der Leyen pactando y el PP votando lo mismo que el PSOE en Bruselas, queda la duda de si la derecha tiene un problema de votos o de relato. Los datos, por ahora, no la distinguen del PSOE. Alguien tenía que decirlo.