Hay que ser muy snob para venir con que el café de menos de 40 euros el kilo no es café, y que si no lo preparas siguiendo un ritual tan complejo como un exorcismo lo estás estropeando.
Pasa en muchos ámbitos. Es la era de la sobreinformación en internet. Cualquiera que se sume a cualquier nueva afición puede encontrar horas de información especializada, dentro de la cual hay cuentacuentos monetizando historias absurdas. Por supuesto, siempre aparece la excelencia, que en ocasiones es más objetiva, y en otras se va a los intangibles. Sea en cables de audio a precio de joya, bicicletas a precio de utilitario, zapatillas para running con tecnología de la NASA, comidas degustación a precio SMI, muñecos realistas a coste de recién nacido vivo, ropa exclusiva, refformas del hogar miméticas, etc.
Mucha gente va saltando de una afición a otra, habitualmente influenciado por lo que se va poniendo de moda. Ahora es el café y tema foodie. No tiene nada de malo, o al menos no demasiado. Simplemente puede ser necesario asumir que no has descubierto grandes secretos ocultos de la vida, sino han conseguido captar tu atención y venderte algo, creándote una necesidad que no tenías. Y que hay mucha gente que no ha seguido ese proceso de abducción y sigue disfrutando del vino, de la música, de ir en bici, de salir a comer o a correr y de tomarse un café sin caer en aquella espiral de marketing y gasto.
Además, todo se pasa. En no mucho tiempo (menos cuanto más absurdas sean las exigencias de esas modas) la mayor parte de los que se habían subido al barco se cansan, se desengañan o encuentran otra nueva historia a la que prestar sus atenciones. Y así, en un año el 90% de los integrantes de la secta (de café de 60 €, v60, agua desionizada y liturgia de 3 vuelcos en sentido antihorario) estarán dándole a un botón de una cafetera superautomática con un buen café de la tienda de la esquina (o del supermercado) para desayunar. Alguno incluso conseguirá volver a echarle azúcar, como había hecho toda su vida, sin sentir grandes dosis de remordimiento.