Bomba de calor para agua caliente: ¿1.300€ o termo con tarifa nocturna?
¿Merece la pena gastarse 1.300 euros en una bomba de calor para calentar el agua de casa cuando un termo eléctrico de 200 litros con tarifa nocturna cuesta la mitad y no tiene compresor que se rompa? Esa es la pregunta que se ha estado cociendo durante años en un rincón de internet especializado en consumo responsable, y las respuestas no son las que esperarías del folleto comercial. La promesa oficial: COP de 3,5 a 4, es decir, entre tres y cuatro veces menos consumo eléctrico que una resistencia convencional. La letra pequeña: ese COP se mide a 15 grados de temperatura ambiente, no a las cinco de la mañana de un enero castellano.
El COP que promete el fabricante y el que mide el termómetro
Los equipos que se han discutido —la gama NUOS de Ariston y los modelos de Junkers— declaran un COP de 3,5 a 4 en condiciones óptimas. La propia documentación de la NUOS reconoce un COP de 2 cuando el aire exterior está a cinco grados bajo cero. Por debajo de esa temperatura, el rendimiento se despeña: a cero grados, el COP puede caer hasta 1, es decir, consumir lo mismo que una resistencia eléctrica. La física no negocia: el evaporador necesita un salto térmico de unos diez grados, y cuando la humedad ambiental se congela sobre el intercambiador, el aparato entra en ciclos de desescarche que se comen entre un 8% del rendimiento, según los datos que manejan los instaladores.
Hay quien sostiene que las bombas modernas solo desescarchan cuando detectan hielo, no por reloj, y que los modelos actuales entregan calor hasta a 20 grados bajo cero. El matiz importa: entregar calor no es lo mismo que entregarlo con eficiencia. En un garaje cerrado que no baja de 8 o 9 grados en invierno, el problema se difumina. En una fachada norte de Burgos, no.
El cálculo que enfrenta a la bomba de calor con el termo nocturno
La alternativa que gana adeptos es prosaica: un termo eléctrico de 200 litros con aislamiento categoría A, programado para funcionar solo entre las 22:00 y las 12:00 con tarifa de discriminación horaria. A 0,06 euros el kilovatio hora, el coste por litro caliente se desploma sin necesidad de compresor, sin gas refrigerante y sin averías caras. El cálculo completo, desglosado partida a partida, da una diferencia que sorprende a quien esperaba que la tecnología ganara por goleada.
Del otro lado, la experiencia de quien lleva una NUOS 80 instalada desde febrero de 2011 en un garaje con mínimas invernales de 12 grados: entre 300 y 350 kilovatios hora al año para tres adultos, dos duchas diarias y lavavajillas conectado al agua caliente. Traducido a euros, entre 60 y 70 anuales. La amortización, en ese escenario concreto, ronda los tres a cinco años. En un piso sin garaje ni trastero donde meter el aparato, la ecuación cambia: la unidad ocupa, pesa, hace ruido y necesita conductos de evacuación de aire frío.
La legionela, el desescarche y otras letras pequeñas
El agua caliente sanitaria exige temperaturas que la bomba de calor alcanza con esfuerzo. Los modelos aire-agua más capaces llegan a 55 grados en las mejores condiciones; la legionela se controla con programas automáticos que una vez al mes elevan el agua a 65 grados usando la resistencia eléctrica. Es decir, el aparato lleva dentro la tecnología que dice sustituir, aunque sea como apoyo puntual.
El desescarche es otro frente abierto. Los ciclos periódicos de descongelación se han reducido en los modelos modernos, pero no han desaparecido. Cada desescarche es energía que se tira para calentar el intercambiador en lugar del agua. En climas continentales con inviernos duros, ese peaje se paga durante meses.
El precio real: 1.300 euros y una instalación que no firma cualquiera
El precio de la NUOS ronda los 1.300 euros, según los datos que se manejan. A eso hay que sumar la instalación, que no es trivial: el aparato pesa lo suficiente para necesitar dos personas solo para colgarlo, y los conductos de expulsión de aire frío tienen límites de longitud que obligan a planificar. La puesta en marcha por servicio técnico oficial es lo que activa la garantía extendida a tres años; hacerlo por cuenta propia deja la garantía en dos.
El coste de oportunidad también cuenta. Ese dinero, en el banco, produce intereses. Y el compresor, como todo motor eléctrico, tiene una vida útil finita. La resistencia sumergida de un termo convencional también se corroe, pero sustituirla cuesta una fracción de lo que cuesta reparar una bomba de calor.
Geotermia: la solución que casi nadie puede pagar
La bomba de calor con aprovechamiento geotérmico resuelve el problema de raíz: bajo tierra, el agua está a 16 o 17 grados todo el año. El COP se mantiene alto independientemente de si fuera nieva o aprieta el sol de agosto. El problema es la inversión inicial, que multiplica por varias veces el coste de una bomba aerotérmica. Para una unifamiliar con terreno, puede tener sentido. Para un piso, es ciencia ficción.
El consenso, si existe, es incómodo: la bomba de calor para agua caliente funciona bien en climas suaves, en espacios cerrados con temperatura estable y para consumos altos. En el resto de escenarios, el termo eléctrico con tarifa nocturna sigue ganando por goleada. La tecnología avanza, pero la aritmética no perdona.