La bomba de calor por conductos que devora 1.000 kWh al mes
Un dúplex nuevo a estrenar de 120 m² útiles, todo eléctrico, sin preinstalación de gas, en un pueblo del interior de Barcelona con niebla y humedad nueve meses al año. La calefacción: una bomba de calor Mitsubishi por conductos en la planta baja —modelo SEZ-KD71VAQR2, con COP declarado de 3,57 y consumo eléctrico de 2,26 kW en calor— más un split en la planta superior. El propietario firma la hipoteca y, a las dos semanas de mudarse, ya lleva 400 kWh. Al mes, 1.000. Su conclusión, escrita sin filtros: «Vaya mier_a de calefacción».
La pregunta que le trajo hasta aquí era otra: si la calefacción por conductos es realmente eficiente en una vivienda. La respuesta corta es que sí, sobre el papel. La respuesta larga depende de tres variables que casi nadie mira antes de firmar: el clima donde se instala, la potencia eléctrica contratada y si el aire caliente se queda donde debe.
Qué dice la ficha técnica y qué dice la factura
Los números del fabricante son buenos. La máquina grande entrega 8,1 kW de calor con un consumo de 2,26 kW, lo que da un
COP de 3,57. En frío, 7,1 kW con EER de 3,01. Sobre el papel, por cada kilovatio eléctrico que entra, salen más de tres de calor. Eso es, técnicamente, eficiencia.
El problema es que el COP no es una constante. Se mide en condiciones de laboratorio y cae en picado cuando la temperatura exterior baja de los 3 grados. En un pueblo de interior con niebla persistente y termómetros que oscilan entre 6 positivos y 6 negativos durante nueve meses, la máquina trabaja muchas horas cerca de su límite. El resultado:
1.000 kWh mensuales con la casa a 17 grados por la noche y 20-21 de día.
Hay quien sostiene que el problema no es la máquina sino el uso. Un instalador le dijo al propietario que lo hacía mal: bajar y subir la temperatura constantemente obliga al compresor a trabajar más. La recomendación fue mantener una temperatura estable las 24 horas. Dos días a 21 grados fijos redujeron el consumo entre 3 y 5 kW, según su propio registro. Menos consumo y más calor. Contraintuitivo, pero consistente con cómo funciona un inverter.
El problema del aire caliente: cabeza caliente, pies fríos
La queja más repetida no es el consumo. Es el confort. El aire caliente sube, se estratifica y deja los pies fríos y la cabeza caliente. En una oficina se sufre a diario. En casa, también. Un participante lo resume con precisión: en el momento que apagas la máquina, a los cinco minutos ya tienes sensación de frío. No hay inercia térmica. Los radiadores de agua, con su masa, siguen calentando cuando el quemador se apaga. El aire, no.
La solución técnica existe:
rejillas motorizadas por zonas que permiten calentar solo las habitaciones en uso. Otra es colocar los retornos bajos, cerca del suelo, para que el aire frío vuelva a la máquina en lugar de quedarse estratificado. En obra nueva se puede planificar. En obra terminada, es un berenjenal caro. El propietario de este dúplex no puede permitírselo: acaba de firmar la hipoteca.
Hay un detalle que casi nadie menciona y que un instalador destapó: los albañiles a veces sellan el retorno por exceso de celo, dejando la máquina aspirando aire viciado de un baño en lugar del aire del pasillo. Un par de golpes de maza en el falso techo y el problema se resuelve. Cuesta cero euros. Nadie lo revisa.
La potencia contratada: el error que se paga todos los meses
La comercializadora recomendó contratar
9,9 kW. El propietario se negó y contrató 6,9 kW con tarifa de discriminación horaria. La decisión, a la vista de los consumos, parece razonable: la máquina grande consume unos 2 kW, el split de arriba otro tanto, y el resto de electrodomésticos no coinciden todos a la vez. Con 5,5 kW, según varios cálculos, un piso de 60-90 m² con bomba de calor inverter se maneja sin problemas si no se enciende todo simultáneamente.
El error de la comercializadora no es casual. La potencia contratada es el componente fijo de la factura que más ha subido. Pagar 9,9 kW cuando necesitas 6 es regalar dinero todos los meses del año, incluidos los que no enciendes la calefacción. El consejo que se repite: ajustar la potencia al consumo real, no al pico teórico de todos los aparatos encendidos a la vez.
La alternativa que nadie quiere oír: leña, pellets o butano
En zonas frías, la bomba de calor sola no basta. El consenso entre quienes viven en climas duros es claro: hace falta una fuente mixta. Una estufa de pellets canalizable, un inserto de leña o incluso una estufa de butano para dar el «achuchón» en las horas punta. El propietario ya tuvo un inserto en su piso anterior y sabe que funciona. El problema es que el dúplex es de promoción nueva y no sabe si la comunidad le dejará perforar el tejado para el tubo de humos, aunque sea suyo.
El cálculo completo, desglosado partida a partida entre lo que cuesta calentar con bomba de calor a tarifa punta y lo que costaría con pellets, da una diferencia que sorprende a quien solo mira el COP del folleto. La electricidad tiene impuestos, término de potencia, alquiler de contador e IVA. La leña, no.
Queda un dato que descoloca. El termo eléctrico con placas solares tubulares —esas que «son más buenas que las típicas planas»— se enciende una hora al día en tarifa nocturna y el propietario no sabe si la placa hace algo. En una zona con niebla nueve meses al año, probablemente poco. Pero eso es otra factura.