El giro mediático: de perseguir corruptos a atacar al juez Peinado
Ayer se investigaba a los corruptos; hoy se señala al juez que los persigue. En cuestión de horas, el relato mediático ha dado un vuelco brusco: si el día anterior se aireaban las presuntas irregularidades de Begoña Gómez, esposa del presidente del Gobierno, ahora el foco se ha desplazado hacia el juez instructor, Juan Carlos Peinado. La pregunta que flota es si se trata de una maniobra coordinada para desviar la atención o de un simple reajuste informativo.
El cambio de rumbo en la cobertura
El contraste es tan abrupto que ha llamado la atención hasta de los observadores más escépticos. Quienes seguían la investigación sobre los negocios de Begoña Gómez, centrada en el juzgado de instrucción número 41 de Madrid, han visto cómo de repente la maquinaria mediática empezaba a cuestionar la actuación del juez Peinado: from citaciones en fin de semana a preguntas incómodas que antes se reservaban a los investigados. El propio sindicato policial JUPOL ha emitido declaraciones que algunos interpretan como un intento de desacreditar al magistrado, señalando que sus comentarios sobre los escoltas de la investigada podrían facilitar una hipotética huida.
Las sospechas de una campaña orquestada
No es difícil rastrear la sombra del Ejecutivo en este viraje. La coincidencia temporal –justo cuando la presión sobre la esposa del presidente se intensificaba– alimenta las teorías de que desde Moncloa se habrían activado contactos para cambiar el relato. Algunos analistas apuntan a que la inversión en medios afines al Gobierno habría aumentado en las últimas semanas para imponer una narrativa que desgaste la imagen del juez. El resultado, para el ojo avispado, es una sensación de déjà vu: la misma estrategia de saturación y descrédito hacia el poder judicial que se ha visto en otras democracias en crisis.
La respuesta policial y el precedente catalán
La policía, por su parte, no ha ocultado su malestar. Las declaraciones de JUPOL apuntan a que el juez habría cuestionado la profesionalidad de los escoltas de Begoña Gómez, lo que ha sido interpretado como un ataque corporativo. Pero como se ha recordado, no es la primera vez que agentes de seguridad facilitan la fuga de un investigado: el precedente de los Mossos d'Esquadra con Carles Puigdemont está fresco en la memoria colectiva. La doble vara de medir –cuando se trata de un independentista se minimiza, cuando es una figura del Gobierno se escandalizan– no pasa desapercibida.
Con estos mimbres, el debate sobre la independencia judicial y el uso político de la justicia se recrudece. Mientras unos ven una campaña legítima de escrutinio contra un juez que se habría extralimitado, otros detectan el clásico patrón de acoso a quien investiga al poder. La próxima semana será clave: si las citaciones se multiplican o si, por el contrario, el foco vuelve a los negocios de la esposa del presidente. El dato que descoloca es que, mientras tanto, el ruido mediático apenas deja espacio para los hechos concretos.