Depósitos a 100.000 euros por banco para esquivar la banca clásica
A lo largo de 2023, cuando los tipos dejaron de estar en el suelo, una parte del ahorro conservador español cambió de sitio. La tesis era sencilla y nada heroica: con la renta variable cara y los depósitos pagando por fin algo, mejor cobrar un cupón garantizado que aguantar sustos en bolsa. Sobre esa idea se montó una cartera que reparte
cuatro depósitos de 100.000 euros entre Pibank, EBN, Facto y Openbank, suma una cuenta remunerada de
15.000 euros en Renault Bank al 1% y mantiene 20.000 en aportaciones periódicas a Indexa Capital. La previsión, para 2024, era ingresar
25.000 euros en intereses. Todo ello, según su autor, antes de que llegue «el robo de la mafia tradicional». Doble capa: depósito y consigna.
Cuatro depósitos de 100.000 euros, uno por entidad
El esqueleto es una cuadrícula. Pibank, EBN, Facto y Openbank figuran con 100.000 euros cada uno; Renault Bank aporta una cuenta remunerada con 15.000 al 1% y Openbank, además, una cuenta de uso diario con 5.000. En el lado variable quedan 3.000 acciones de Iberdrola para cobrar dividendo flexible y el plan de Indexa. Poco glamour y mucha letra pequeña.
La lista se movió varias veces a lo largo del año: entran y salen entidades, se añade una cuenta en Big y otra en Haitong a través de Raisin, y Openbank reaparece con una remuneración del
2,75%. El objetivo declarado, repetido como un mantra, es no dejar nunca más de 100.000 euros en la misma casa.
¿Por qué 100.000 euros y no más en cada banco?
Porque el Fondo de Garantía de Depósitos cubre hasta 100.000 euros por titular y entidad. La regla, formulada sin rodeos, es que nunca haya más de esa cifra en un mismo banco «por si las moscas». La cobertura alcanza a entidades europeas adheridas a su fondo nacional, y hay trucos de forma: una filial con IBAN español y matriz extranjera no obliga a presentar el modelo 720, igual que ocurre con otros bancos de origen no español que operan aquí.
La duda de fondo sigue en pie. Tras las quiebras bancarias de la primera mitad de 2023, hay quien sostiene, en los mensajes del hilo, que ninguna autoridad dejaría caer a un depositante medio: la impresora, se argumenta, acabaría cubriendo el agujero. Es una intuición razonable y, a la vez, la clase de certeza que solo se comprueba el día que se necesita.
¿Depósito, cuenta remunerada o letra del Tesoro?
Depende del plazo y de cuánta liquidez se quiera conservar a mano. Quien no quiere inmovilizar nada tira de cuenta remunerada: Renault paga el 1%, MyInvestor llega al 2% para nuevos clientes hasta 50.000 euros y Openbank se movió hasta el 2,75%. Quien acepta encerrar el dinero tiene Facto a seis meses al
2,27% o los depósitos de Pibank, con una penalización por cancelación anticipada del
2% que conviene leer antes de firmar.
La alternativa pública son las letras del Tesoro, con una escalera de tipos que sube con el plazo:
- 3 meses: 1,369%
- 6 meses: 2,003%
- 9 meses: 2,363%
- 12 meses: 2,537%
Con esos números, la comparación con el depósito a un año aparece sola: un usuario preguntó si no hubiera sido mejor comprar letras que contratar un depósito. La comparación, hecha con calculadora en mano, es la que decide el reparto.
Chequia, Polonia y Lituania: interés a cambio de divisa
Fuera del euro los tipos aprietan más. Se citan depósitos al
5-6% en República Checa y hasta el
7% en Polonia, eso sí, en eslotis. Aparecen también un banco lituano con ofertas al 3,06% y una entidad francesa al 3,05%. El problema no es el cupón, es la moneda: la corona checa se mueve referenciada al euro con oscilaciones puntuales, y el esloti o el dólar pueden llevarse en el cambio lo que el interés había sumado. La rentabilidad extra se paga con riesgo de tipo de cambio, y ese riesgo no lo cubre ningún fondo de garantía.
Portabilidad bancaria: cerrar la cuenta vieja sin pisar la sucursal
Cambiar de banco tiene su propia burocracia. La vieja transferencia inversa, la orden de traspaso de efectivo, estaría extinguida; en su lugar, según explicó un usuario, funciona la portabilidad bancaria, un mecanismo parecido al de las telecos que se tramita desde la entidad nueva: esta pide el cierre de la antigua, se trae el saldo y reenvía durante un tiempo las transferencias que lleguen a la cuenta vieja. Que las oficinas físicas sigan insistiendo en que hay que personarse para cancelar es, como poco, una costumbre difícil de matar.
El plan tiene un horizonte. Aguanta un año en renta fija y, cuando la bolsa toque fondo, entra de golpe con todo el capital. Ese «lump sum a lo bestia» es la pieza que falta. El coste de oportunidad se ha comentado sin acritud: quien metió el dinero en bolsa durante 2023 vio subir su cartera mientras los depósitos pagaban su cupón. Nadie sabe cuándo toca fondo, ni si el suelo está donde se cree, y ahí es exactamente donde el análisis se queda sin respuesta.