El valenciano y el aranés, mismo rango cooficial que el catalán
Un informe reservado del Parlamento Europeo al que tuvo acceso
El Español constata una contradicción que el Gobierno no ha sabido desactivar: el valenciano y el aranés tienen exactamente el mismo rango de cooficialidad en España que el catalán, tanto por la Constitución como por los respectivos Estatutos de Autonomía. El documento del EPRS lo señala como una dificultad «objetiva» para oficializar catalán, gallego y euskera en la UE. Traducido: si el valenciano no es catalán, el paquete lingüístico que Sánchez prometió a Junts se complica.
La iniciativa encalló en Bruselas. Ocho países se opusieron, entre ellos Alemania, Francia e Italia, y otros tantos expresaron dudas. El Gobierno y sus socios respondieron señalando al PP como responsable del fracaso. El informe, en cambio, apunta a un problema de fondo: la UE podría acabar con 75 lenguas oficiales si se abre la puerta a cada variedad con estatus cooficial.
Qué dice el informe reservado sobre el valenciano
El documento del Servicio de Estudios del Parlamento Europeo no entra en filología, entra en derecho. Y en derecho comparado, el valenciano figura con el mismo rango que el catalán. Esa simetría rompe el argumento de que solo hay una lengua que oficializar. Si se oficializa el catalán, ¿por qué no el valenciano? ¿Y el aranés? La pregunta no es retórica: es la que bloquea la negociación.
Hay quien sostiene que el valenciano y el catalán no comparten raíces, con argumentos que mezclan mozárabe, occitano, provenzal y lemosín. Otros recuerdan que la Acadèmia Valenciana de la Llengua y las universidades valencianas sitúan el valenciano dentro del diasistema catalán. La discusión académica no se va a resolver aquí, pero tiene una consecuencia práctica: cada parte puede usar su versión para justificar su posición política.
Ocho países en contra y el PP en el punto de mira
La promesa del PSOE ante Junts se topó con una realidad incómoda: en Bruselas no basta con voluntad política española. Alemania, Francia e Italia dieron portazo. Otros estados expresaron dudas. El Ejecutivo y sus socios cargaron contra Feijóo por boicotear una iniciativa que, según el informe, ya tenía problemas objetivos antes de que el PP moviera un dedo.
El cálculo que circula es sencillo: si cada lengua cooficial europea entra en el régimen oficial, la UE pasa de 24 a 75 lenguas. El Parlamento Europeo ya es un organismo pesado con 24. Con 75, la traducción simultánea se convierte en un ejercicio de malabarismo presupuestario. Ese dato, más que cualquier filología, es el que explica los portazos.
El uso del catalán cae mientras se pide oficialidad en Europa
La paradoja que recorre el asunto es difícil de esquivar. Se pide oficialidad europea para un idioma cuyo uso social retrocede. Solo uno de cada cuatro jóvenes habla catalán habitualmente, según datos que cita el diario
Ara, y el 28% de los catalanohablantes lo abandona a menudo en la vida cotidiana. La tendencia no la ha revertido ninguna ley.
En paralelo, el castellano sigue siendo la lengua mayoritaria en Cataluña. Eso alimenta un argumento que aparece una y otra vez: si el criterio para reclamar oficialidad es el peso demográfico, el castellano lo cumple con holgura. La discusión, claro, nunca fue solo lingüística.
Cervantes, Tirant y la batalla por el canon
La pelea por el Siglo de Oro valenciano tiene su propia liturgia. Se cita a Cervantes en el
Quijote, donde se salva el
Tirant lo Blanc de Joanot Martorell, y se recuerda que el escritor describió el valenciano como «graciosa lengua, dulce y agradable». También se trae a colación que Cervantes compareció como testigo en un juicio en Valencia. La anécdota es buena, pero no resuelve si eso convierte el valenciano en lengua independiente.
El canon literario se ha convertido en campo de batalla. Hay quien sostiene que sin agenciarse la literatura valenciana y mallorquina, el catalán clásico se queda sin apenas obra propia. Y hay quien responde que la cultura catalana en castellano tiene siglos de recorrido. Ninguna de las dos partes va a ceder por un soneto.
Qué pasa con el aranés y el efecto dominó
El aranés es occitano, una lengua con más hablantes que el euskera y con un papel histórico en la literatura trovadoresca y cátara. Su rango cooficial en Cataluña es idéntico al del catalán. Si el criterio es el estatus legal, el aranés también debería entrar en el paquete europeo. Nadie en Bruselas parece dispuesto a abrir esa caja.
La consecuencia es que el Gobierno se queda sin margen. Puede culpar al PP, puede culpar a Feijóo, puede repetir que hay boicot. Pero el informe reservado ya dejó por escrito que la dificultad es «objetiva». Y una dificultad objetiva no se arregla con una moción de censura.
Con 24 lenguas oficiales la Eurocámara ya funciona a trompicones. Con 75, la pregunta deja de ser lingüística y pasa a ser contable: ¿quién paga la Torre de Babel?