10.000 euros en agua y conservas: la inversión que no cotiza
Imagínese un almacén con 10.000€ en garrafas de agua y latas de conservas. Frente a ello, una cartera de ETFs con la misma cantidad. La comparación suena absurda, pero tiene más recorrido del que parece: enfrenta la autosuficiencia física con la rentabilidad financiera. Un ETF no se come, reza el argumento. En un escenario límite, la liquidez en bienes de primera necesidad puede marcar la diferencia.
El escenario del desierto
El ejemplo favorito es el de una persona a 80 kilómetros de la ciudad más próxima, bajo un sol de justicia. Sin agua, no recorre ni 40. En esa tesitura, la pregunta es directa: ¿prefiere 500 millones de euros o varios litros de agua? La respuesta parece obvia, pero el contraargumento llega de quien no vive cerca de un desierto: la probabilidad de necesitar ese agua es baja, y el coste de oportunidad de tener el dinero parado en conservas que caducan es alto.
La lógica financiera responde
La réplica sarcástica no se hace esperar: ¿cómo funciona el interés compuesto del agua embotellada? ¿Cuál es la comisión de custodia del almacén? Las latas caducan antes de que llegue el escenario apocalíptico, apunta otra corriente. El dinero en ETFs, además de generar rentabilidad, tiene liquidez inmediata: puedes vender cuando quieras. Las garrafas no tienen mercado secundario.
La cuestión queda abierta, pero hay un dato que descoloca: quien plantea el escenario extremo admite que, a 80 km de la civilización, el agua gana. La pregunta incómoda sigue siendo cuántos inversores viven realmente a 80 km de un desierto.