Dos ertzainas acaban en el hospital en el centro de Vitoria
Mediodía de un domingo electoral en el centro de Vitoria. Una persona permanece tendida en el suelo junto al casco medieval y hasta allí se desplaza un coche patrulla con dos agentes de la Ertzaintza. El hombre increpa a los agentes y, acto seguido, un grupo de jóvenes se suma al incidente y los agrede. Los dos ertzainas terminan en el hospital. Con el vehículo abierto de par en par, alguien se lleva los teléfonos y las linternas del coche.
Los detenidos por la agresión quedaron en libertad poco después, según las informaciones publicadas por los medios vascos.
¿Por qué la agresión se publicó después del domingo electoral?
No hay ninguna prueba de una decisión coordinada, pero el calendario se ha convertido en el primer eje del enfado. Los hechos ocurrieron un domingo de
elecciones y las informaciones llegaron después, un desfase que, según quienes lo critican, encaja con el interés de que el suceso no pesara en las urnas. Hay quien lo lee como una ocultación deliberada: una reyerta con dos policías hospitalizados el mismo día de votar puede mover voluntades.
Aldabe y el casco medieval: episodios que se repiten
Un caso aislado se lee de otra manera cuando se pone en fila. En el mismo entorno se registró un asalto en grupo a un supermercado a las tres de la tarde, con
1.400 euros de botín. Otra reyerta exigió
más de una treintena de agentes para practicar una detención en el barrio de Coronación, con la calle cortada durante varios minutos. Y se contabilizan al menos tres enfrentamientos más en la misma zona a lo largo del año, uno de ellos con enfrentamientos previos en la misma calle. La escala depende del mapa: el casco medieval está a
1,3 kilómetros —quince minutos andando— del Parlamento vasco y de la residencia del lehendakari. Un participante describe Vitoria como una ciudad minúscula, un pueblo grande con aspiraciones de capital, y sostiene que una zona degradada en su centro no es una anécdota periférica, sino la mitad del escaparate.
¿Es el centro de Vitoria una zona sin ley?
La etiqueta de
no go zone circula con más fuerza que la evidencia que la sostiene. Vecinos y participantes en el debate describen una zona donde las patrullas actúan en grupos reforzados y donde la policía puede ser agredida en pleno mediodía; las detenciones en la zona han requerido operativos numerosos. La comparación con el pasado desactiva, en cambio, la idea de novedad: quien vivió en esa calle en los años ochenta recuerda a los consumidores de heroína aporreando puertas para hacer llamadas y un parque infantil reconvertido en estercolero de jeringuillas. La zona llevaba décadas en el margen. Lo que ha cambiado es quién protagoniza el conflicto, no que exista.
Sustituir un grupo marginal por otro es la fórmula que resume esa memoria.
Vivienda barata, ayudas y servicios: la lectura económica
Otra parte del análisis no discute la seguridad, sino los incentivos. Se argumenta que los alquileres más bajos de las localidades del entorno, sumados a prestaciones como la Renta de Garantía de Ingresos —que no exige haber trabajado—, concentran en municipios concretos a la población con menos recursos. De ahí un círculo que algunos describen como virtuoso para quien lo cobra: se sostiene el valor de las viviendas más deterioradas con dinero público y crece la demanda de servicios sociales y educativos, con plazas que repartir y empleo público asociado.
La otra cara: cuando la Ertzaintza aplicó mano dura
En el mismo saco cae la desconfianza hacia el cuerpo policial. Un participante recuerda la actuación con un padre y su hijo por negarse a llevar la mascarilla en plena calle, con golpes, reducción en el suelo y esposas, para concluir que el
empate técnico exime de toda compasión. También hay quien reprocha a la policía vasca sus sueldos elevados y su supuesta inutilidad en estas zonas. Es la grieta clásica: el mismo cuerpo que aparece como víctima en un suceso es el que aparece como verdugo en otro.
¿Mueve esto un solo voto?
Es el punto donde el debate se atasca. Se sostiene que un suceso así no reabre votos: los bloques están fijados de antemano y cada uno lo interpreta según lo que ya creía. Hubo quien sostuvo que publicar la agresión el domingo habría beneficiado a las formaciones independentistas, y quien pidió directamente una repetición electoral para volver a ver el espectáculo. En la conversación de oficina, según se relata, el argumento dominante sigue siendo otro: que hacen falta más inmigrantes para pagar las pensiones del futuro.
El caso se queda donde empezó. Dos agentes que pasaron por el hospital, unos detenidos ya en la calle y ninguna confirmación oficial sobre el retraso informativo. Con eso hay que decidir si lo del domingo fue un episodio más de una serie larga o el síntoma de algo que ya no se arregla con más presencia policial.