Gana la derecha en votos y pierde el mapa por Cataluña
El bloque de la derecha sacó más votos. No le alcanzó para gobernar. PP y VOX sumaron más papeletas que PSOE y Sumar, pero se quedaron sin la
mayoría absoluta que, según el análisis más extendido, van a necesitar sí o sí para llegar a La Moncloa. Sin esa cifra, la aritmética se desplaza a un puñado de provincias y a un territorio que decidió la noche:
Cataluña.
Cataluña: el feudo donde el PSOE recuperó lo perdido en el resto
El PSOE arrasó en Cataluña y ahí está media victoria. El voto que Ciudadanos tenía en esa comunidad no emigró al PP como en el resto de España: había nacido del PSC y ahí volvió. Súmese una participación floja del independentismo y el cuadro es el de un partido que se lleva casi todo. El trasvase admite lectura interna y externa. Hay quien sostiene que el PSOE avanza hacia la
España federal que ya dibujó Zapatero, y que en determinados sitios eso se aplaude sin reservas.
Fuera de Cataluña, el mapa es otro país. El PSOE quedó por detrás en Andalucía, Extremadura, las dos Castillas, Madrid, Cantabria, La Rioja, Levante y Galicia, y en Asturias el PP sacó más votos con empate en escaños. Si Sánchez gobierna, lo hará habiendo ganado en cuatro comunidades:
Cataluña, Navarra, Canarias y País Vasco. Todas con voto nacionalista de por medio. La distancia final entre PP y PSOE quedó en cinco escaños, con VOX y Sumar empatados, según la lectura que se publicó esa noche.
Provincias de 3 y de 4 escaños: dónde se rompe la proporcionalidad
La clave no es cuántos votos se pierden, sino dónde. Las provincias de tres escaños favorecen a la derecha: reparto 2-1 en casi todas. Las de cuatro benefician al PSOE, porque la fragmentación conservadora convierte el 3-1 teórico del bipartidismo en un 2-2. En Soria, con dos escaños en juego, el PSOE se llevó
la mitad con el 29% de los votos.
El patrón se repite: donde Sumar apenas existe y la izquierda se concentra en el PSOE, la derecha sí se reparte entre dos siglas. De ahí salen escaños que no responden a ningún vuelco real, sino a un reparto interno distinto en cada bloque. El análisis lo cifra en La Rioja, Burgos, León, Soria, Albacete, Almería, Córdoba y Navarra.
¿Qué habría pasado si PP y VOX se presentaran juntos?
Un cálculo que circula entre los análisis más detallados: con candidatura conjunta en las circunscripciones actuales, el PP habría llegado a
141 diputados y VOX a 33, hasta 175. Los seis escaños extra salen de Burgos, Logroño, Albacete, Tarragona, Lérida y Gerona. Cuatro irían a costa del PSOE y Junts, los otros dos de Sumar.
El contrapeso llega desde otro escenario. En circunscripción única y proporcionalidad pura, el PP se quedaría en
115 escaños, 21 menos que los actuales, mientras el PNV perdería solo uno. La
ley D'Hondt, tan denostada, no es la única culpable: se aplica circunscripción a circunscripción, no en una lista nacional. La Constitución fija la provincia como circunscripción electoral, y eso pesa más que el método de reparto. Quien confunda el método con el tamaño del distrito se equivoca de enemigo.
Navarra: el escaño que no se movió
El reparto navarro desmiente alguna conclusión rápida. PP y UPN suman
108.247 votos, el PSOE 97.798, Bildu 58.686, Sumar 43.564, VOX 19.213 y Geroa Bai 9.839. Presentándose juntos, PP y UPN habrían sacado dos escaños, otros dos el PSOE y uno Bildu: exactamente lo mismo. Ni sumando todo el voto de VOX, hasta 127.460, habrían alcanzado el tercer diputado. Frente a la tesis de que una candidatura separada regala escaños, aquí la aritmética dice lo contrario. La única conclusión firme es que la izquierda arrasó en la Ribera y que la derecha no gana por dividirse, sino por dónde se divide.
Andalucía y Euskadi: dos señales opuestas
Andalucía es el contrapunto. En autonómicas, la derecha sumó 2,2 millones de votos frente a 1,3 millones de la izquierda con participación baja. En las generales, la izquierda andaluza respondió hasta rozar los dos millones. Si no hubiera hecho ese esfuerzo, el gobierno ya tendría otro color.
En el País Vasco, Podemos y Sumar se hunden y sus votos se reparten entre PSOE y Bildu. El PNV y Bildu quedan prácticamente empatados, con el primero bajando y el segundo subiendo. De ahí la conclusión que se repite: al PNV no le queda otra que entenderse con el PSOE, porque el PP no tiene gran cosa que ofrecerle.
La derecha que aspire a gobernar tendrá que decidir si repite fragmentada en las provincias pequeñas o si asume el coste de presentarse unida. Con estos números, la tentación de repetir el error es alta. Y el margen, la próxima vez, será aún más estrecho.