Un 50% en un mes y la promesa de un rebote del 100% en Tesla
¿Cuánto tiene que caer Tesla para que la acción deje de parecer barata? Un
50% en un mes, según los mensajes que se cruzan en la conversación. Ese es el punto de partida del relato más agresivo que se está difundiendo sobre la compañía: precisamente porque la cotización se habría partido por la mitad, hay quien sostiene que la oportunidad de entrar no ha sido nunca tan buena. La tesis no se apoya en un resultado trimestral ni en un dato nuevo del negocio. Se apoya en la caída. Cuanto más baja,
más regalada. Y con la publicación de resultados en el calendario, la apuesta se convierte en un todo o nada.
Los directivos venden mientras se anima a comprar
Hay una contradicción incómoda en el centro del relato. Mientras una parte de la conversación llama a subirse al tren, los registros de operaciones que se citan muestran a tres nombres clave deshaciendo posiciones. Elon Musk se anotó una venta de
2.147 millones de dólares el 14 de diciembre de 2022. Dos semanas después, Andrew Baglino vendía por
1,23 millones. Y el 6 de enero de 2023, Zachary Kirkhorn se desprendía de
410.158 dólares en títulos.
No es prueba de nada por sí solo, pero tampoco encaja con el escenario que dibuja quien pide comprar con las dos manos. El dato se lanza en plena discusión como argumento de peso: si ellos venden, ¿por qué debería hacerlo yo?
¿Por qué se considera que Tesla cotiza a PER 60?
Porque a esos múltiplos el precio deja de reflejar lo que la empresa gana hoy y pasa a descontar lo que ganará dentro de años. Un PER de 60 significa pagar 60 veces el beneficio anual, una cifra que solo se sostiene con un crecimiento muy alto y sostenido en el tiempo. La objeción más repetida es que fabricar coches no funciona como una tecnológica: cada planta nueva exige
inversión, personal y tiempo, y solo entonces se replica la capacidad anterior. Una empresa de software puede doblar ingresos sin multiplicar su capital; un fabricante de automóviles, no.
El paralelismo que se usa para explicar lo que se considera excepcional es el de Apple o Coca-Cola: marcas capaces de mantener precio y cuota sin ceder margen. De ahí el matiz que resume el problema: la valoración que la sostiene como tecnológica resulta
cara en cuanto el mercado empiece a mirarla como lo que es, un fabricante de coches. Y ese cambio de etiqueta, sin anuncio previo, se lleva por delante el múltiplo entero.
Cuántos coches vende Tesla frente a Volkswagen o Mercedes
Aquí llegan los números que más incomodan. En Alemania, Tesla coloca en torno a
10.000 coches al mes, según las cifras que se manejan. Los datos que se citan para los grandes fabricantes germanos en ese mismo mercado son de otra escala:
- Volkswagen: 50.000 coches mensuales
- Mercedes: 25.000
- Audi: 22.000
- BMW: 20.000
Alrededor de esa cantidad venden también Seat o Hyundai. En España, en cambio, los datos que se citan sitúan a Tesla por delante: unos
4.000 coches este año, frente a los 2.200 de KIA, 1.700 de Fiat y 1.300 de Citröen, con casi todos los fabricantes moviéndose entre 500 y 1.000 unidades. La conclusión que extrae la parte escéptica es que la prima de valoración descontaba un dominio del mercado que ningún dato respalda.
El autopiloto deja de ser una ventaja
Durante años, la conducción autónoma sostuvo buena parte del precio. Se prometía un nivel 4 o 5 en un par de años y Tesla era el sitio al que ir a trabajar si uno era puntera en inteligencia artificial. El problema, según este análisis, es que la cosa no avanzó y los demás fabricantes fueron cerrándole la distancia sin ruido: unos con desarrollos propios y otros aliándose con socios tecnológicos. La ventaja se fue diluyendo, y con ella parte del argumento que justificaba pagar más por la acción.
El rebote desde mínimos y los resultados que lo deciden todo
Y sin embargo, el rebote llegó. Desde los mínimos, la acción habría recuperado cerca de un
40% en menos de un mes, según los mensajes del hilo, con jornadas de subidas de casi un 8% sin ninguna noticia detrás. Para unos, la confirmación de que la caída fue un exceso; para otros, un clásico rebote de gato muerto antes de una corrección mayor. Un operador advierte de que subir con fuerza justo antes de presentar resultados suele anticipar un batacazo serio, no la fiesta.
El calendario situaba en el día 25 la cita clave. Los mensajes más optimistas hablaban de un salto hasta los 200 dólares; los escépticos, de caídas hasta los 80. Y en medio, la promesa recurrente: un Tesla compacto de 30.000 euros y un vehículo que aún no se fabrica como argumentos para aguantar.
Hay algo casi entrañable en la seguridad con la que se repite una cifra redonda —un 100%, una parada en los 300— cuando el activo subyacente lleva un mes demostrando que no respeta ninguna. El tren del titular ya se ha ido y ha vuelto tres veces. Subirse cuesta lo mismo que bajarse.