Seis mil euros por una vida: la esclavitud sigue teniendo precio
La esclavitud no es un residuo de los manuales de Historia. Sigue teniendo precio de mercado: 6.000 euros. Esa cantidad, la misma que cuesta un coche de segunda mano, la pagó un payés catalán por una mujer, según publicó La Vanguardia. El dato desactiva cualquier complacencia.
De la burla a la cuenta bancaria
La discusión pública ha tendido a tratarlo con distancia y humor negro. Se bromea con que no quedan existencias en plataformas de segunda mano, con intermediarios a los que se llama «mayoristas» o con los trámites burocráticos necesarios, como los modelos 036. Esa ligereza documenta la banalización del sufrimiento: nada evapora el hecho de que hay redes que compran y venden seres humanos.
Del chiste al negocio solo hay un paso. Como en cualquier transacción, hay intermediarios, documentación y una transferencia bancaria. Los procedimientos legales persiguen, pero las redes encuentran grietas.
Aquí queda la pregunta incómoda: si las autoridades controlan el dinero para combatir el blanqueo, ¿por qué se persigue con tanto menos ahínco el flujo económico de la trata? Quien tenga la respuesta, que levante la mano.