Por qué la docena de huevos cuesta 3 euros en España y un dólar en EE.UU.
¿Cómo puede costar una docena de huevos tres euros en un supermercado español y un dólar al otro lado del Atlántico? La pregunta circula con sorna desde que un cartel de precios estadounidenses empezó a compartirse como prueba de que aquí alguien se está forrando. El detalle incómodo: la comparación se hace entre el precio mayorista de un mercado concreto y el precio final que paga el consumidor español en caja, con IVA, logística y margen de distribución incluidos. No es lo mismo una caja de cincuenta docenas comprada a granel que una docena suelta en la estantería de Mercadona.
Qué dicen los precios reales en España
Los datos que manejan los compradores no dejan mucho margen a la duda. Una docena se ha pagado a
3,80 euros en Mercadona y a
3,30 euros en otro establecimiento, con subidas de veinte céntimos de un día para otro. En el canal mayorista, quien compra por cajas de cincuenta docenas ha visto cómo el precio saltaba de
2,60 a 3,05 euros de golpe, y no en un proveedor: en todos. Ese movimiento simultáneo es el que más sospechas despierta entre los compradores profesionales, que no recuerdan una sincronización semejante.
La respuesta oficial llegó de boca de
Juan Roig, presidente de Mercadona, que atribuyó el encarecimiento a la gripe aviar:
«ha subido el precio un 20% porque en Estados Unidos se han muerto 160 millones de gallinas». La explicación no convenció a muchos clientes, que señalaron que los huevos que se venden en España no cruzan el Atlántico. Que el argumento sea el mismo que se usa para justificar el precio del cacao o el café no lo hace más sólido.
El factor que sí mueve la aguja: la gripe aviar
La gripe aviar existe y es un problema real. Hay brotes documentados, y se ha detectado contagio en aves de parques urbanos, lo que sugiere que el virus puede estar circulando también en explotaciones. El sacrificio masivo de ponedoras reduce la oferta y presiona el precio al alza. Es el mecanismo clásico de cualquier mercado de materia prima: menos oferta, mismo consumo, precio arriba.
El problema es que ese argumento explica una parte, no el conjunto. En Estados Unidos la docena llegó a
6,23 dólares en marzo y bajó a
5,12 en abril, con un promedio de
4,95 en enero. Es decir, el país que supuestamente provoca la escasez española tiene el huevo más barato que España incluso en su peor momento. La comparación de un dólar que circula por internet corresponde a precios de granja o de grandes superficies en promoción, no al ticket medio del consumidor estadounidense.
La teoría que nadie quiere poner por escrito: márgenes y oligopolio
Hay una corriente de análisis que apunta directamente a la estructura del mercado. La producción avícola española no está concentrada, pero el pienso sí: los granos los controlan
tres o cuatro operadores internacionales, y eso traslada el coste a toda la cadena. A eso se suma la normativa de bienestar animal, que reduce el número de gallinas por metro cuadrado y encarece cada huevo producido. Quien tiene una explotación pequeña lo cuenta sin paños calientes:
«hace cuatro años la docena la tenía a 2,5 euros y cerré porque no podía vender al precio de margen».
El resultado es un mercado donde el productor cobra poco, el intermediario cobra bastante y el consumidor paga la fiesta. La pregunta que sobrevuela es si hay coordinación o simplemente coincidencia de incentivos. Nadie ha presentado pruebas de lo primero, pero la subida simultánea de todos los proveedores mayoristas en la misma semana es, como mínimo, llamativa.
El tamaño del huevo también se ha encogido
Hay un detalle que casi nadie mira y que afecta al bolsillo tanto como el precio: el tamaño. Los huevos etiquetados como M o L son hoy más pequeños que los de hace una década, y los que antes pasaban por M ahora se quedan en S. La causa puede estar en la raza de la gallina, en la alimentación o en la edad de la ponedora, pero el efecto es el mismo: pagas lo mismo por menos gramos. Pesar el cartón en la báscula de la frutería empieza a ser un ejercicio de higiene económica.
Lo que se puede hacer y lo que no
La salida individual es limitada. Comprar directo en granjas de gallinas camperas puede igualar o mejorar el precio de supermercado, pero exige desplazamiento y planificación. Tener gallinas en casa está sujeto a normativa y no es una opción realista para la mayoría. Y la alternativa de dejar de comprar huevos, como propone algún participante, choca con que el huevo es la proteína animal más barata del carrito.
Mientras tanto, el precio sigue su curso. Si la gripe aviar remite y los costes de pienso se estabilizan, la docena debería corregir. Si no, tendremos que acostumbrarnos a mirar la estantería de huevos como mirábamos la del aceite de oliva hace dos años: con respeto y calculadora.