Infarto: del 112 al timo del imán
Un infarto no se cura con imanes ni con vitamina C. En los márgenes de internet circulan protocolos que prometen disolver coágulos con electrones de la tierra o con el polo negativo de un imán, preferiblemente localizado con una brújula. La teoría se presenta con una seguridad pasmosa, pero carece de evidencia y, lo más grave, retrasa la atención médica que decide entre la vida y la muerte.
Remedios sin evidencia que pueden costar una vida
La ocurrencia de enterrar al paciente en el césped húmedo para que los electrones del suelo repelan el coágulo no es un caso aislado. Entre las sugerencias más pintorescas aparecen coreografías como la macarena o el uso de maracas para espantar espíritus. Parecen bromas, pero en una emergencia real nadie debería perder el tiempo con una brújula para orientar un imán mientras el corazón deja de bombear.
La referencia al déficit de vitamina C como causa de rotura arterial es una simplificación peligrosa. Aunque esa carencia puede debilitar los vasos, no convierte al ácido ascórbico en un tratamiento de urgencia. Profesionales que han atendido cientos de paradas cardíacas lo resumen sin matices: sin fundamento.
Lo que dice la medicina de urgencias
El protocolo correcto es aburrido y conocido: llamar al 112, iniciar la reanimación cardiopulmonar (RCP) si la persona no respira y usar un desfibrilador externo automático si está disponible. Cada minuto cuenta; las cifras de supervivencia caen en picado sin estas maniobras.
La próxima vez que alguien comparta un remedio milagroso, conviene preguntarse si resiste un minuto de escrutinio. La predicción pesimista: estas teorías seguirán circulando porque son más vistosas que «llame al 112 y haga compresiones». Pero el corazón no entiende de tendencias.