Expulsar inmigrantes: la cosecha que se quedaría sin manos
La pregunta tiene trampa: si se expulsa a todos los inmigrantes, ¿quién levanta la cosecha? La cuestión sobrevuela una realidad incómoda: la agricultura española depende de temporeros extranjeros para campañas que los nacionales esquivan. No hay una respuesta única, sino un abanico que va de la robótica a la ironía.
Una dependencia que nadie quiere ver
Los datos del día a día muestran que las frutillas, la aceituna y la uva no se recogen solas. Mientras unos sostienen que los españoles sí trabajan en el campo, otros recuerdan que una parte prefiere emigrar a Francia, donde las condiciones son mejores. La paradoja se repite: hay empleo agrario localizable, pero se rechaza por duro y mal pagado.
El robot no cosecha todo
La robótica avanza, pero tiene límites. Recoger un frágil o separar aceituna dañada exige precisión que las máquinas aún no dominan. A esto se suma el coste: una cosechadora autónoma no se amortiza en cualquier explotación. Quien apuesta por la automatización total no ha visto una campaña de fresa.
La solución que incomoda
Entre las propuestas aparece la de condicionar la permanencia de la población inmigrante a trabajar en el campo o la construcción. O la de aprovechar la inversión en robótica para crear empleo cualificado. Pero ninguna aborda el fondo: mientras la cosecha siga pagando salarios de miseria, habrá quien se vaya a otro país a recogerla. El cierre queda donde el análisis se atasca: sin manos, la fruta se pierde. Y nadie tiene claro de dónde saldrán esas manos.