256 GB de serie en un Mac: la estrategia de Apple para empujarte a la nube
Apple ha convertido el almacenamiento en un artículo de lujo. Los modelos actuales parten de 256 GB de SSD, una capacidad que cualquier pendrive de feria iguala por poco dinero. La compañía permite configurar hasta 2 TB, eso sí, previo sobreprecio. La pregunta no es por qué la base es tan roña, sino para qué sirve esa roña: para empujar al cliente hacia la nube y hacia ampliaciones con márgenes que el hardware ya no justifica.
La base de 256 GB y el negocio de la ampliación
Se supone que lo caro es la RAM, se dice. Pero el almacenamiento es precisamente el componente cuyo precio se ha hundido en el mercado libre. Aun así, Apple mantiene la capacidad mínima en 256 GB y convierte el salto a una cifra razonable en una decisión que duele en la cartera. El resultado: o pagas por adelantado una configuración superior, o te suscribes a iCloud para pagar cada mes por el espacio que el disco duro no te dio. Dos ingresos para la misma carencia.
El hardware propietario y las alternativas de la fuga
La estrategia se sostiene porque las ampliaciones internas ya no son cosa del usuario. Con los componentes soldados, la vía externa queda reducida a un disco duro de 1 TB por USB, un apaño que muchos consideran indigno. No sorprende que una parte de los compradores históricos haya acabado en un PC con Linux: la calidad del hardware no se discute, pero el precio de las ampliaciones se ha llevado por delante la fidelidad a la manzana.
Si la tendencia sigue cosiendo la capacidad base a 256 GB para inflar la factura de la nube, el margen de Apple parece blindado. La incógnita es cuánta roñosería soportará el cliente antes de buscar un fabricante menos creativo con su bolsillo.