El rublo sube y baja entre 90 y 99,5 por dólar con los tipos al 12%
Una reunión no programada, 350 puntos básicos de un tirón y la tasa clave del Banco Central de Rusia plantada en el
12% anual. Ese fue el remedio de urgencia que el regulador aplicó cuando el rublo se acercaba a los 98 por
dólar y el euro a los 110. El efecto duró lo que un caramelo en la puerta de un colegio: el cambio bajó a 97 después de que la entidad anunciara que dejaba de comprar divisa hasta finales de 2023, y volvió a subir hasta 99,04. La referencia que más ha circulado es la de Bloomberg: el rublo está entre las
tres monedas más débiles del mundo, junto a la lira turca y el peso argentino.
¿Por qué el rublo está entre las tres monedas más débiles del mundo?
El cálculo que maneja la agencia es una caída del
23% frente al dólar desde principios de año. Detrás están el aumento del gasto público, la fuga de capitales y la caída de los ingresos por petróleo y gas. No es una foto aislada: la moneda rusa pasó de 90 a 98 por dólar en cuestión de días, y los 100 se miran ya como frontera psicológica más que como techo.
La comparación escuece y no admite demasiados matices. Una divisa que se codea con la turca y la argentina no está ganando ninguna batalla financiera, por mucho que el relato oficial insista en lo contrario. Hay quien responde que medir todo contra el dólar es un error de partida, porque Moscú comercia con socios que no pasan por el billete verde. El argumento choca con el mecanismo básico del arbitraje: si tu moneda se cambia mal contra el dólar, se cambia mal contra todo lo demás.
Reunión no programada y tipos del 8,5% al 12%
El Banco Central de Rusia elevó su tasa clave
350 puntos básicos de una sola vez, del 8,5% al 12% anual. Lo hizo sin aviso previo, y en el lenguaje de los bancos centrales una reunión no programada equivale a admitir que la situación se escapa de las manos.
El diagnóstico interno tampoco tranquiliza. El economista Drozdov calificó la medida de
insuficiente, y desde el entorno presidencial se apuntó al propio banco central como responsable del desaguisado. Cuando el asesor económico de la Presidencia y el regulador se señalan en público, el mercado lee una sola cosa: nadie tiene el timón. Queda la duda de si el 12% basta. Cada punto de tipos encarece el crédito de familias y empresas, y el grifo del gasto militar no se cierra.
¿Compensa tomar Kupiansk con el rublo a 99 por dólar?
La guerra aparece por el flanco contable. Las autoridades de Kupiansk, en el noreste de Ucrania, instaron a los residentes vulnerables a abandonar la ciudad ante el aumento de los ataques, mientras el ejército ruso aseguraba haber mejorado sus posiciones en la región de Járkov. La pregunta que sobrevuela es de libro: qué valor tiene reconquistar un asentamiento ya perdido antes, con el gasto militar creciendo y la divisa en el suelo.
Un país que dedica una parte creciente de su presupuesto a munición y soldados paga la factura en dos monedas, la de sus ciudadanos y la de su credibilidad. Se repite que los rusos son, tras Estados Unidos y Argentina, quienes más dólares atesoran del planeta. No encaja demasiado con la idea de una moneda fuerte.
La inflación oficial del 3,6% frente al 60% que calcula un economista
Aquí está el nudo del asunto. El dato oficial de inflación rusa es del
3,6%. Frente a él circula un cálculo que la sitúa en el
60%, una cifra que, de ser cierta, convertiría cualquier subida de tipos en un parche. Entre ambas no hay términos medios: o el índice oficial es fiable, o mide una cesta de la compra que no se parece en nada a la del ciudadano.
La historia monetaria deja un precedente curioso. En 1812, los ejércitos napoleónicos llevaban consigo una brigada especial para falsificar billetes rusos, con el objetivo de tumbar el rublo por la vía rápida. La campaña terminó como terminó, la moneda siguió existiendo y quien no sobrevivió fue el imperio que lo intentó.
El rublo que «se ha revalorizado un 110%» y el dólar que se hunde
Sostener que al rublo no le va tan mal tiene su propia línea argumental: al inicio de la guerra se le tumbó artificialmente y desde entonces se habría revalorizado un
110%, hasta niveles superiores a los previos al conflicto. El cálculo ignora un detalle incómodo: ese tipo de cambio no sale de un mercado libre, sino de un régimen con controles, compras suspendidas y corredores intervenidos.
Al otro lado del espejo está la tesis del dólar moribundo. La deuda estadounidense, el déficit comercial y la máquina de imprimir billetes aparecen en cada conversación como señales del final. La respuesta del propio mercado es bastante más prosaica: el dólar aguanta porque hay demanda de dólares, y ni Rusia, ni India, ni China liquidan su comercio mutuo con sus propias monedas porque no se fían entre sí. El oro, por cierto, tampoco sirve para pagar la nómina del viernes.
El detalle que devuelve el asunto a la realidad no llega de Moscú ni de Washington, sino de un mostrador bancario. Una entidad con presencia en Rusia ofertaba hipotecas al
22,5%. Ese es el precio del dinero cuando la tasa clave escala al 12% y la inflación real es una incógnita. Con ese escenario, el rublo a 99,5 no es una anécdota cambiaria: es la factura.