Comprarse un coche nuevo se convierte en cosa de ricos: 686€ al mes durante una década
Un compacto de 40.000 euros financiado a diez años sale a
686 euros al mes. Ocho mil doscientos al año. Más que muchas hipotecas. Y eso sin contar el seguro de vida ni la comisión de apertura, dos partidas que engordan la factura hasta el punto de que el comprador acaba pagando
el precio de dos vehículos. La conclusión que se repite en cualquier conversación de sobremesa ya tiene forma de regla económica: el coche nuevo ha dejado de ser un bien de clase media.
La financiación multiopción: 10.000 de entrada, 280 al mes y 15.000 finales
El folleto promete cuotas cómodas.
10.000 euros de entrada, 280 al mes durante cuatro años y una cuota final de 15.000. El atractivo se desmonta en el último tramo: mucha gente no puede pagar ese pago final. Las salidas que ofrecen son tres, y ninguna es gratis. Devolver el coche y quedarse sin nada, comprar otro nuevo con nuevas cuotas, o financiar esa última cantidad
a un interés más caro. Es un híbrido raro entre comprarse un coche y un renting, con lo peor de cada casa.
El dato que hiela la sangre es el coste del dinero. Un
TAE del 16% es la referencia de partida, cuando en cualquier banco se firma un préstamo personal a un 7%. Ahí se entiende el cálculo que circula por los foros de consumo: 14.000 euros pagados por adelantado más 28.512 en cuotas suman
42.512 euros por un coche que costaba bastante menos. Siete mil euros de sobrecoste. Con esos números, el que firma no está comprando un vehículo: está alquilando dinero.
¿Por qué un compacto cuesta ahora 31.500 euros?
Un compacto decente por 12.000 euros es arqueología. Hoy esa cifra solo cubre la entrada y poco más. En el mercado hay una comparativa que ilustra la trampa: un kilómetro cero con 10 kilómetros se vende por
27.000 euros al contado, el mismo modelo sin la rebaja de la financiación sube a
31.500, y si se financia se va cerca de los
34.000. El precio de un mismo coche cambia según cómo se pague.
La escalada no se detiene en la gama media. Un Toyota Yaris Cross con tracción 4x4 por motor híbrido ronda los
36.000-38.000 euros al contado. Un Peugeot 3008 con motor de gasolina modesto se financió por
31.000 euros, arrastrando además deuda del vehículo anterior. Hay quien recuerda un Zafira metido en la hipoteca. Y el que gana 2.000 euros al mes no cuadra la resta: hipoteca, coche, combustible, seguro, mantenimiento e impuestos no caben.
El coche viejo como tesoro y el fin del mercado de ocasión
Mientras el nuevo se dispara, el viejo se ha vuelto un activo. Un motor 1.6 de 16 válvulas y 115 CV con 19 años, revisiones al día y garaje propio, aspira a hacer
el doble de kilómetros y durar otros 15 años más. Hay quien compara un AX 1.4 diésel de 1990, con 4,5 litros cada 100 km, o el A2 y el Lupo que homologaban 3 litros hace dos décadas, y no entiende por qué con toda la electrónica nueva no se ha vuelto a esos consumos.
El problema es que esa segunda mano tampoco es barata y el mercado se estrecha. La devaluación es brutal:
un 20% nada más salir del concesionario. Quien no pueda pagar un utilitario a precio de oro, sostiene una parte del argumentario, quedará atrapado entre un vehículo nuevo inasequible y un mercado de ocasión que se seca.
2035, la enmienda Ferrari y los coches chinos
El horizonte normativo aprieta.
En 2035 dejarán de venderse coches de combustión, y el parque térmico se irá agotando solo, mientras los fabricantes abandonan la producción. Queda una salvedad: la llamada
«enmienda Ferrari» permite seguir fabricando motores de gasolina a las marcas que producen menos de 10.000 unidades al año por considerarse artesanales. Para el resto, transporte público. El coche particular, sostiene el relato más agorero, acabará en manos de unos pocos privilegiados.
Frente a ese escenario, la baza que se señala es china: un coche de batería a mitad de precio. Una fábrica de vehículos y baterías tarda un par de años, más permisos y ubicación, por lo que la industria europea intentará retrasar el proceso todo lo posible. Las marcas del continente ya compran plataformas a fabricantes asiáticos para ponerse al día.
La aritmética no engaña. Con
30 millones de vehículos circulando en España y un parque que envejece, el dato que descoloca no es el precio del coche. Es el sueldo que dejó de crecer para poder pagarlo.