Comunitae: del 8% prometido al fraude de pagarés que lo tumbó
Un inversor particular llegó a prestar
52.061,50 euros a través de Comunitae. En su última actualización, en agosto de 2016, había retirado 51.350,15. El resto —los impagos, los fallidos, los préstamos que aún rodaban— se quedó dentro. Ese es, con cifras, el balance de la primera plataforma española de préstamos entre particulares, pionera del crowdlending, que arrancó prometiendo rentabilidades del 8% y terminó salpicada por un fraude de pagarés falsos.
Qué era Comunitae y cómo se vendía
La idea era sencilla de explicar y endiablada de gestionar: una web donde particulares prestaban directamente su dinero a otros particulares y a pymes, actuando la plataforma como simple intermediaria. El primer balance que circuló animaba —
cuatro préstamos sin incidencias y una rentabilidad final del 12,44%—, pero venía con su propia advertencia: cuatro préstamos son pocos, aquello era una prueba.
La advertencia se cumplió con creces. Hay quien sostiene que el problema estaba en el diseño: la web no arriesgaba nada, solo ponía en contacto, de modo que todo el riesgo recaía sobre el prestamista. Y nadie lo dijo más claro: «Lo malo de esto es que como no paguen la página no se hace responsable de nada ya que solo es intermediaria. Ellos no arriesgan nada, tú lo arriesgas todo».
La morosidad que no cuadraba: del 3% de la web al 17% de los inversores
El desfile de quejas empezó pronto. Un afectado denunciaba que la web declaraba una mora del
3% mientras sus estadísticas marcaban el
17%. Otros no pudieron ni sacar su dinero: dos meses de llamadas, problemas técnicos como respuesta.
La cifra que mejor resume la sangría es la de un particular que describió su salida con crudeza: metió una cantidad pequeña por probar y dos años después salía perdiendo un
25%, cuando la propia página le mostraba que ganaba un 15%. La brecha entre el escaparate y la realidad se convirtió en el reclamo más repetido.
El caso de los 52.000 euros: cronología de una desinversión
Uno de los inversores más meticulosos fue publicando su contabilidad mes a mes, y su rastro sirve de radiografía del sector. En
febrero de 2015 había prestado 52.061,50 euros y retirado 41.244,45. Ya arrastraba cuatro fallidos particulares y 16 pymes, con
21 préstamos a empresas impagados sobre los que no había recuperado un solo euro.
A lo largo de ese año recuperó terreno: 49.941,45 retirados en agosto, 50.537,13 en noviembre. Pero cada mes quedaban préstamos colgados. En agosto de 2016 los retirados sumaban 51.350,15 y seguían pendientes
76 préstamos —35 particulares y 41 pymes—, de los que la mayoría nunca volvería. Otro inversor cifraba su morosidad en cartera de particulares en torno al
35%, un proceso de salida que avanzaba «más lento de lo que ya iba a ser de por sí».
Los préstamos a pymes y los pagarés que nunca existieron
El giro hacia las pymes, con descuento de pagarés como garantía, fue la última apuesta para salvar el modelo. También el principio del fin. La dirección llegó a suspender la actividad de forma indefinida para ir amortizando la cartera viva de los inversores, y presentó acciones judiciales contra su propio analista de riesgos por un fraude de pagarés falsos detectado a finales de
2017.
En
febrero de 2018 la compañía daba por inevitable el concurso. La web siguió activa un tiempo solo para intentar cobrar la cartera histórica de impagados. Después dejó de abrir. Y ahí, sin pantallazos, un afectado se encontró sin forma de saber siquiera cuánto dejaba de cobrar, ni de declarar la pérdida a Hacienda.
Qué queda para los que aún tenían dinero dentro
Hay relatos para todos los gustos. Quien sacó todo a tiempo y solo perdió el tiempo; quien cerró con menos de
200 euros impagados y salió en tablas; quien reconoce que le quedaban cuatro duros y los da por perdidos. Un grupo de afectados se organizó para intentar una demanda colectiva, aunque, como resumió uno de ellos, el collar iba a costar más que el perro.
La pregunta que sobrevuela todo el asunto no es ya cuánto se perdió, sino cuánta de aquella morosidad era conocida y no se trasladó a los inversores. Con estos diferenciales, una plataforma que declaraba un 3% de impagos debería haber funcionado sola. Nadie que la usó recuerda ese mundo.