La pastilla roja no se puede deshacer: vivir sabiendo que todo es un circo
¿Se puede volver a la ignorancia después de haber visto la degradación de la calle con otros ojos? Es la pregunta que sobrevuela en una discusión que arranca con una confesión incómoda: alguien dice que quiere dejar de leer, que prefiere ser un ciudadano al que todo le resbala y salir a aplaudir a las ocho. La respuesta del respetable es casi unánime y bastante cruel:
no hay vuelta atrás.
El punto de partida es una sensación cotidiana. La degradación que se percibe en la calle parece haber llegado a niveles extremos, aunque el propio autor admite la duda de siempre: igual esto ha sido así toda la vida y lo que ha cambiado es la lente. El
discurso machacón de tanto leer acaba por afinar la mirada hasta convertir el paseo diario en una patrulla. Y eso cansa.
¿Por qué no se puede volver a ser un NPC?
La respuesta más repetida en el arranque del debate es que la conciencia es irreversible. Una vez que se ha tomado
la pastilla roja, el retorno a la comodidad no existe. La comparación con la caverna de Platón aparece pronto, con un añadido contemporáneo: el demiurgo que maneja las sombras. Y la conclusión es la misma en todos los casos: se puede dejar de leer, pero no se puede desleer.
Hay una formulación más cruda para explicar por qué. El que ha abierto los ojos deja de ser un jugador pasivo y pasa a ser otra cosa, y ese tránsito no tiene billete de vuelta. La versión más amable del argumento sostiene que la conciencia es un termómetro social excelente: permite planear los pasos con antelación. La versión pesimista responde que de poco sirve saber que vives en una estafa si no hay manera de escapar de ella.
El circo como estrategia de supervivencia
Frente al derrotismo, emerge una corriente que propone un cambio de marco: mirarlo como lo que es, un espectáculo televisivo en directo, y aprovechar sus idioteces. No es resignación, es distancia. La misma idea aparece formulada como exilio interior: sentirse ajeno a una sociedad condenada permite observar el espectáculo decadente con
serenidad hierática y ponerse a salvo de las salpicaduras.
El contrapunto llega desde el otro extremo. Rendirse y dejar que todo lo gestionen los que nunca se cansan equivale a entregarles el terreno. Quien se refugia en el todo da igual no escapa del sistema: lo sostiene. Es la acusación más dura que se lanza en toda la conversación, y va acompañada de una lista de lecturas sobre el esfuerzo, el sufrimiento y la responsabilidad individual.
El cálculo que descoloca: la IA como madre de todas las burbujas
A mitad de la discusión, el asunto deriva hacia el dinero. La inteligencia artificial aparece descrita como un agujero gigantesco de capital, con inversiones que aún no ven retorno y una magnitud que, según los cálculos que se manejan, dejaría pequeña cualquier burbuja anterior. El pronóstico es que se gastará todo lo que haga falta,
whatever it takes, hasta llegar a un escenario de consumo inmersivo que hoy suena a ciencia ficción.
La broma recurrente es que el único que ha conseguido generar ingresos reales con todo esto se quiere marchar. Nadie da el desglose exacto de cómo se gana dinero en ese sector, y ahí queda la brecha: el cálculo completo, partida a partida, no aparece en ninguna parte, solo la sospecha de que existe.
Pactar con la realidad sin aceptarla del todo
La salida menos épica es también la más repetida: no se puede evitar la realidad, pero tampoco hace falta aceptarla entera. Basta con pactar mínimamente con ella. Donde unos ven decadencia, otros ven oportunidad: sin carroña no hay festín de buitres. El ciclo económico se agotará y vendrá otra cosa, probablemente también mala, pero de otro color.
El consejo práctico que se cuela entre tanta filosofía es geográfico: buscar un entorno más pequeño, montaña o playa, lejos de las grandes ciudades. Y un recordatorio de que la pandemia ya demostró para qué sirve tener una fuente alternativa cuando todo el relato oficial apesta.
Al final, la ironía seca: se puede dejar de leer, apagar el móvil y tirarlo por un barranco. Lo que no se puede es desactivar lo que ya se ha visto.