Guinness de lata con bola de gas: tres euros que imitan el barril
Una lata de
Guinness con una bola de gas en su interior cuesta unos
3 euros y, según quienes la han probado, es lo más cerca que se puede estar de una cerveza de barril sin salir de casa. Ese es el dato más tangible de un repaso a las cervezas de importación favoritas que arranca en la
stout irlandesa, recorre Bélgica y Alemania y acaba en una paradoja: la marca más reivindicada como foránea se fabrica en Barcelona.
¿Qué hace la bola de gas de la Guinness de lata?
Al abrir la lata, un
chasquido delata el mecanismo: una pequeña esfera de plástico que libera el gas de golpe y genera esa espuma que suele asociarse al barril. El efecto se resume en una frase: lo más parecido a beber una cerveza de grifo pero en casa. Bien fría, el resultado se describe directamente como
un manjar. El precio no es regalado: la lata grande ronda los
3 euros, y quien la compra con frecuencia la encuentra tanto en Carrefour como en Amazon, donde tiene buen precio. Para un formato de un solo uso, cada sorbo sale caro.
El mapa de las cervezas de importación que se repiten
Después de la irlandesa, la lista se llena de
Bélgica y Alemania. La
China de toda la vida se cuela entre los clásicos antes de que aparezcan nombres como la Chouffe, la Duvel o la König Pilsener. Para otros, la referencia es la alemana de trigo, la
Oettinger, que completa el trío de países que domina el imaginario de la importación cervecera. Y luego están las que un participante señala como las de más peligro para él, sin más explicación: las Rochefort, la Samichlaus o la
Gulden Draak. Nombres que suenan menos a refresco y más a advertencia.
La cerveza de importación que se fabrica en Barcelona
Aquí llega el giro del asunto. Cuando alguien propone la
Voll Damm como cerveza de importación favorita, la corrección llega rápida: es de Barcelona. Da igual que no se venda en todas partes ni que se le haya colgado la etiqueta de foránea; la marca es nacional y catalana. La confusión deja al descubierto lo difuso del concepto. Importada, en la práctica, es lo que uno no encuentra en su bar habitual, no lo que cruza una frontera. Bajo ese criterio, media lista deja de ser importación y pasa a ser simple catálogo.
De la litrona con alambre a la botella de ocasión especial
No todos los que entran al tema beben cerveza. Alguien lo deja claro —no bebe nada— y recuerda el
león de litro con cierre de gancho de alambre que se compartía de chaval, una cerveza de supervivencia más que de placer. En el otro extremo aparece la
Antarctic Nail Ale, reservada para ocasiones especiales y sin más explicaciones. Entre la litrona de barrio y la botella de celebración cabe casi todo el mercado.
Al final, la pregunta de partida no se responde del todo. La lista mezcla el nitrógeno de una lata irlandesa, el alcohol belga, el trigo alemán y una marca barcelonesa que alguien creía de fuera. Si importada significa cruzar una frontera, media lista no vale. Si significa no encontrarla en el bar de siempre, el criterio cambia y nadie lo ha fijado. Ahí se atasca el asunto.