La confesión fantasma de AEMET que sostiene el mito de los chemtrails
¿Está España siendo rociada desde el aire con
dióxido de plomo, yoduro de plata y diatomita? La acusación lleva una década circulando y su origen es tan concreto como indemostrado: el
19 de mayo de 2015 el entonces eurodiputado Ramon Tremosa i Balcells llevó al Parlamento Europeo que cuatro trabajadores de la Agencia Estatal de Meteorología habían confesado que aviones esparcen esos compuestos sobre el país. Ni nombres, ni informes, ni rastro documental. Pero la historia sigue viva porque cada cierto tiempo alguien le pega un BOE al lado y la cosa parece crecer.
De dónde sale la confesión de los cuatro trabajadores de AEMET
El relato canónico es siempre el mismo. Cuatro empleados anónimos de la agencia, una filtración sin verificar y un objetivo declarado:
alejar las lluvias y dejar subir las temperaturas para contentar al turismo y a cierta agricultura intensiva. Como efecto colateral, gotas frías catastróficas y enfermedades respiratorias en Murcia, la Comunidad Valenciana y Almería. El aeropuerto militar de San Javier, en Murcia, sería la base de despegue.
Es una acusación fuerte. Y no hay una sola prueba que la sostenga más allá de la palabra de quien la formuló en sede parlamentaria. Ni expediente, ni denuncia, ni identificación de los supuestos confidentes. Una petición a la Comisión Europea no es una investigación: es una pregunta.
Qué autorizó de verdad el BOE en abril de 2020
Aquí empieza la parte que sí se puede leer en el
Boletín Oficial del Estado. La
Orden SND/351/2020, de 16 de abril, autorizó a las Unidades NBQ de las Fuerzas Armadas y a la Unidad Militar de Emergencias a utilizar biocidas aprobados por Sanidad en tareas de desinfección contra la COVID-19. El texto justificaba la técnica por eficacia: con nebulización y termonebulización se alcanzan todas las superficies con rapidez.
Es decir, se autorizó desinfectar calles y superficies con biocidas durante una pandemia, no fumigar la población con metales pesados. La norma perdió vigencia cuando el estado de alarma terminó, a las 00:00 del
21 de junio de 2020. Que exista una autorización concreta no convierte cualquier fumigación imaginada en real.
La siembra de nubes sí existe: yoduro de plata contra el granizo desde 1970
Y aquí llega el dato que desmonta la mitad del misterio. La modificación del clima se practica, se documenta y se lleva décadas haciendo. En Aragón opera desde
1970 un programa de supresión del granizo mediante siembra, con un área de actuación de
300.000 kilómetros cuadrados alrededor de Zaragoza y Teruel. El yoduro de plata es un agente nucleante clásico: se dispersa para influir en la formación de hielo dentro de las nubes.
La geoingeniería solar, por su parte, es una propuesta teórica que estudia inyectar aerosoles reflectantes en la estratosfera. Y la manipulación del clima con fines bélicos está prohibida por Naciones Unidas desde los años setenta, después del escándalo de la Operación Popeye en Vietnam. Todo esto es real. Lo que no aparece por ningún lado es el rociado tóxico sistemático sobre la península.
Estelas de condensación: cómo una nube de hielo se convierte en conspiración
La observación de partida es legítima. Hay días en que el cielo se llena de estelas cruzadas que persisten horas y se abren hasta formar una especie de tela. Hay quien lo relaciona con escozor de ojos, cansancio o molestias digestivas. Y hay quien simplemente compara con la infancia:
en los ochenta no recuerdo esto.
El problema es el salto lógico. La cobertura y persistencia de las estelas depende de la humedad y la temperatura en altura, no solo del tráfico aéreo. Pasar de ahí a un programa de envenenamiento requiere algo más que fotos del cielo. Quien pide imágenes de los años setenta con cielos contaminados se olvida de que el tráfico aéreo de entonces no se parecía al de ahora. Y quien responde con estelas de la Segunda Guerra Mundial gana la discusión y pierde el argumento.
De HAARP al polvo inteligente: cómo el chemtrail se come todo
La última fase del relato ya no habla de aviones y metales. Ahora entra el HAARP y el control climático por ondas, el
smart dust o polvo inteligente, los organismos modificados genéticamente y el Reglamento (UE) 2020/1043 sobre ensayos clínicos con OMG. Sobre ese reglamento circuló la idea de que Bruselas reconocía que las vacunas contra la COVID son organismos modificados genéticamente. No es lo que dice: algunas contienen organismos modificados, pero eso no significa que alteren el ADN de quien las recibe.
El mecanismo es siempre el mismo: se toma un documento oficial auténtico, se le cambia el sujeto y se publica. El
Real Decreto 406/2021, que modifica el reglamento de 2004 sobre OMGs, es la enésima pieza de un puzle que nunca acaba de encajar.
Con este material, el rociado planetario debería estar ya en los tribunales. Sigue en los foros. Y en los BOE que nadie lee enteros.