El 23% de las pensiones ya se paga con deuda pública
¿Cuánto dinero gasta España en pensiones? La cifra que circulaba en redes —y que fue censurada— apuntaba a una magnitud difícil de asimilar: el patrimonio total del mayor fondo de inversión del mundo equivaldría a unos pocos meses de la nómina de los jubilados españoles. El dato, difundido por una cuenta de Twitter y borrado después, desató una tormenta de réplicas con un trasfondo incómodo:
el sistema público de pensiones ya no se sostiene solo con las cotizaciones de los trabajadores.
En 2010, el 92% del sistema se financiaba con cuotas aportadas por los ocupados y el Estado transfería apenas el 6,2%. En 2023, la proporción se ha invertido: las cotizaciones cubren el 70% y
la transferencia estatal alcanza el 23%, según los datos que se citan en la discusión. Es decir, casi una de cada cuatro pensiones se paga con deuda. Y la pirámide demográfica no mejora.
¿Cuánto cuesta realmente el sistema de pensiones?
El cálculo original que desató el debate —el valor del mayor fondo de inversión del mundo frente a unos meses de pensiones— fue contestado con dureza. Un participante lo rebatió con dos ejemplos concretos: la reconstrucción de Notre Dame costó 700 millones de euros, equivalente a un solo día de pensiones; el beneficio neto de Mercadona en 2023 fue de 1.009 millones. Con esas magnitudes, la comparación con el fondo global se queda corta o directamente no cuadra.
Otro usuario aportó una estimación distinta:
el 15% de las pensiones ya se paga con cargo al presupuesto general del Estado. Y una proyección más incómoda: si no hay reformas profundas, el sistema podría entrar en colapso funcional en torno a
2040-2050.
La comparativa europea que circula en la discusión tampoco deja bien a España. Con un salario medio de 30.237 euros y una pensión media de 23.342, la tasa de reemplazo supera el 77%. En Francia, con salario medio de 43.438 euros, la pensión media es de 18.070. En Italia, 33.492 de salario frente a 19.860 de pensión. Solo Eslovenia y Lituania, con salarios mucho más bajos, presentan pensiones proporcionalmente altas.
El argumento que nadie quiere escuchar: es un esquema piramidal
La crítica más repetida no va contra los jubilados, sino contra el diseño del sistema.
Estáis matando al mensajero, resume una de las intervenciones más valoradas. El razonamiento: si un particular monta un chiringuito financiero que paga a los antiguos inversores con el dinero de los nuevos, acaba en la cárcel. Si lo hace el Estado, con carácter obligatorio para todo el que trabaje, se llama solidaridad intergeneracional y no se puede criticar sin ser tildado de ultraliberal.
El problema, añaden, es que ningún político se atreve a tocarlo.
Al que intente arreglarlo a estas alturas le cuelgan de una farola. Así que la estrategia es dejar que reviente solo, y que la generación que ahora cotiza cobre mañana lo mismo que quien nunca aportó nada.
Hay quien matiza que el sistema de reparto no es intrínsecamente fraudulento: es más barato y da más calidad que un sistema de capitalización individual, donde el riesgo de inflación, crisis o quiebra de la aseguradora recae sobre el trabajador. El problema no es el diseño, sino la demografía.
La generación que se lleva el dinero y deja la deuda
El eje del enfado juvenil es otro:
los que se jubilan hoy con 3.000 euros mensuales dejan una deuda impagable a las nuevas generaciones. La tasa de natalidad española, la más baja de Occidente, se lee en la discusión como consecuencia directa de esa transferencia de renta: cada euro que va a pensiones es un euro que las familias jóvenes no tienen para tener hijos.
La réplica desde el otro lado es que el objetivo original del sistema era evitar que ningún anciano pasara necesidad, no enriquecer a una generación a costa de otra. Y que los verdaderos sumideros de dinero público están en otro sitio: administraciones duplicadas, subvenciones a dedo, contratos con comisiones familiares, medios de comunicación subvencionados.
Del gasto en políticos y en administraciones triplicadas mejor no hablamos, resume una intervención.
La contraoferta más concreta llega desde el modelo francés:
43 años de cotización para cobrar el 100% de la base reguladora y 35 años para el 75%, con un punto menos por año hasta llegar al 50% con 15 años cotizados. Eso rebajaría las pensiones y permitiría que los salarios mejoraran. Es más factible, sostienen, que pretender que todo el mundo trabaje hasta los 70, algo inviable en muchas profesiones.
¿Qué pasa si no se reforma el sistema?
Las proyecciones que manejan los participantes apuntan a un deterioro acelerado. En 15 años, la ratio entre cotizantes y pensionistas será mucho peor. El 15% del gasto que ya cubre el Estado podría duplicarse. Y la pregunta que sobrevuela es si el sistema aguantará hasta que la generación actual de treintañeros llegue a la edad de jubilación.
Mientras tanto, el debate público sigue atascado en el blanco o negro: o pensiones de 2.500 euros o cero pensiones; o sanidad española o sanidad estadounidense. Como si no existieran términos medios.
Sois muy pesados, zanja una de las voces más lúcidas: nadie habla de eliminar las pensiones, se habla de que den para vivir dignamente, no para una vida de lujos. Y aunque se arreglara toda la corrupción, si no se toca el 40% del gasto del Estado, el problema sigue igual de jodido.
La cuenta de Twitter que puso el dato en perspectiva ya no existe. El debate, en cambio, sigue exactamente donde estaba.