Madrid se llena de discotecas de lujo hasta en Tetuán
El centro de Madrid ya no cabe. La capital ha abierto más clubs en los últimos cuatro años, los que van desde el final de la pandemia, que en las dos décadas anteriores, según los datos que maneja Noche Madrid, la asociación de empresarios del sector. Y el tramo que crece con más fuerza no es el de siempre: el ocio nocturno exclusivo se descentraliza hacia Chamberí, Chamartín, Salamanca, Retiro y, sobre todo, Tetuán. La última tanda de aperturas lo confirma. Etnia Club, 842 metros cuadrados en el número 14 de la calle Orense, abrió el 28 de noviembre con aforo para 699 personas y entradas desde 20 euros. Para el 20 de enero se espera Goldies, la nueva apuesta de máximo lujo del grupo Florida Park, en el barrio de Salamanca.
El triángulo de Colón y la competencia por el mismo cliente
La zona de moda se concentra junto a la plaza de Colón, donde en 19 meses se han inaugurado tres locales —Castellana 8, Grace y Giselle— que compiten por el mismo público. El barrio de Salamanca suma el desembarco del grupo colombiano Perro Negro, la discoteca que aparece en canciones de Bad Bunny y Karol G, que triunfó en Medellín y ahora también en Miami, y que lleva unas semanas junto a la calle Velázquez. La tendencia que se impone es el multiespacio: coctelería, cena-espectáculo y discoteca en el mismo local. «El ocio nocturno ahora mismo es un buen ejemplo de dinamismo y al mismo tiempo reclama a los empresarios competir con innovación», resume Vicente Pizcueta, portavoz de Noche Madrid.
Quién paga y quién se queda fuera
El precio de una copa —en torno a 15 euros— y el sistema de mesas VIP, donde se alquila una mesa por 500 o 1.000 euros para toda la noche, dibujan un público concreto. Hay quien sostiene que estos locales no van dirigidos a la gente joven ni a los recién llegados, sino a un perfil de mayor edad y mayor poder adquisitivo. Otros lectores del asunto lo ven al revés: cuanto más cara la entrada, menos «gentuza» dentro. La discusión deriva hacia la seguridad, la selección de clientela y el modelo económico de la noche madrileña.
Inversión, lavado o simple gasto: el pulso económico
El debate de fondo es si este boom aporta riqueza o solo la recircula. Una parte defiende que el gasto de estos clientes —restaurantes de lujo, centros de belleza, médicos, taxis, hoteles, servicio doméstico— pone dinero en circulación y crea empleo indirecto. La otra responde que no hay inversión productiva: se compran inmuebles caros, se consume y el capital sale después hacia Estados Unidos. El argumento que más se repite es que Madrid atrae patrimonio, no empresas. El cálculo completo, con el detalle de cada partida, da una diferencia que sorprende.
El mapa de la noche se mueve
El distrito de Tetuán, Azca, Orense y Cuzco se llenan de vida nocturna al calor del nuevo uso del estadio Santiago Bernabéu para actividades de ocio. En el centro no cabe una discoteca más, y eso empuja a los empresarios a los barrios. La apertura más reciente de ese eje es Malicia, un club de intercambio de parejas, junto a Etnia. Pizcueta lo resume: «De alguna manera se está despojando algo que tradicionalmente ocurría en el centro».
Con estos números, la noche madrileña parece haber encontrado un filón en el lujo descentralizado. Si el Bernabéu consolida su uso como motor de ocio y los precios aguantan, la presión sobre los barrios del norte seguirá. Si el gasto se demuestra tan volátil como el origen del dinero que lo financia, la resaca puede llegar antes de lo que los promotores calculan.