El paro baja a mínimos del siglo y la letra pequeña del récord
Un ingeniero que vive con sus padres, se mueve en patinete y comparte cuenta de Netflix. Un joven sin estudios que hace años tenía un BMW y una casa de 600.000 euros trabajando en la construcción. La comparación, lanzada en un foro de economía, resume la paradoja que atraviesa el último dato de empleo:
los tres mejores registros de paro del siglo, según sus defensores, coinciden con una sensación de precariedad que no desaparece. La cifra baja. La calidad, dicen muchos, no.
El detonante es el último dato de afiliación a la Seguridad Social, presentado como histórico. Para unos, confirma que
la economía española va como una moto. Para otros, es un espejismo estadístico construido sobre empleo temporal, fijo discontinuo y población que crece. La discusión deriva rápido hacia el terreno de siempre: ¿trabajan más los españoles o solo hay más españoles trabajando?
¿Por qué suben los afiliados si la población también crece?
El argumento más repetido es demográfico. España ha pasado de algo más de 46 millones de habitantes a rozar los 49, y con más gente en edad de trabajar es normal que suban los cotizantes en términos absolutos. El cálculo que circula es simple:
si somos dos millones más, el récord absoluto dice menos de lo que parece. La comparación con datos de hace seis o siete años, cuando la población era menor, sería engañosa.
La contrarréplica no se hace esperar. Los bancos centrales vigilan paro e inflación para decidir tipos, y eso no sería posible si ambas magnitudes fueran independientes. Durante las crisis del petróleo, recuerdan,
inflación y desempleo subieron a la vez. La estanflación existe. Negar cualquier vínculo entre ambas es tan burdo como afirmar que una causa la otra.
El fijo discontinuo y las horas que no se cuentan
Aquí el debate se vuelve técnico. La figura del fijo discontinuo, introducida en la reforma laboral, rompería la serie estadística: un trabajador que antes aparecía como temporal ahora cotiza como indefinido aunque solo trabaje unos meses. El resultado es un
fraccionamiento del empleo que infla el número de ocupados mientras reduce las horas efectivas.
El dato que más se repite es el de las horas trabajadas. Se habla de
650 millones de horas semanales, una cifra inferior a la de 2019 pese a haber más afiliados. Si el total de horas trabajadas se mantiene o baja, sostienen algunos, el paro real sería muy superior al oficial. La propuesta que gana fuerza es medir todo en trabajadores a jornada completa equivalente, una serie larga sin rupturas desde los años ochenta.
El empleo público y los 460.000 estudiantes de FP
Otra pata del escepticismo apunta al sector público. Se argumenta que parte del crecimiento del empleo se debe a la creación de plazas públicas, un subsidio encubierto que maquilla la estadística. La petición es recurrente: segregar siempre el empleo público y exigir justificación a cada incremento en una era de automatización creciente.
El caso más citado es el de los
460.000 estudiantes de FP que empezaron a cotizar sin coste para las empresas. Si esos cotizantes se contabilizan igual que un trabajador en activo, el récord de afiliación queda en entredicho. La pregunta, formulada en redes y reproducida en el debate, es si esas afiliaciones se computan del mismo modo.
La España que crea empleo y la que no llega a fin de mes
El contraste territorial también aparece. Andalucía, históricamente campeona del paro, presume de crecimiento y de que
el que no trabaja es porque no quiere. La hostelería y el campo absorben mano de obra, pero los salarios no despegan. Hay quien lo llama bienestar; hay quien lo llama trabajos basura con horas robadas.
La experiencia personal se cuela en el análisis. Un trabajador describe su paso por una pyme: oficiales quejándose de ganar 2.000 euros, sin medidas de seguridad, con cargas por encima de la normativa. El mal rollo, dice, era general. No es un caso aislado: en el entorno de varios participantes, el verano estuvo lleno de gente quejándose de sueldos y condiciones.
El cálculo que descoloca
Con 14,7 millones de trabajadores haciendo las mismas horas que en el año 2000, la cuenta de la vieja arroja un
38% de paro real. Es un ejercicio tosco, sin ajustar por jornada, pero ilustra la brecha entre la estadística oficial y la percepción. El PIB per cápita, añaden, lleva cayendo desde hace décadas.
El detalle completo, con el desglose de horas, pluriempleo y fijos discontinuos, da una diferencia que sorprende. En España hay
600.000 personas pluriempleadas que podrían contarse como dos trabajadores distintos. Sumado a los que trabajan una o dos horas al mes, el cuadro se aleja del primer mundo. Y sin embargo, el paro baja. Alguien tendrá que explicar por qué.