Begoña Gómez: el PSOE dice que no hay nada y la causa sigue viva
¿Cómo se defiende a alguien diciendo que no hay nada mientras un juzgado de Madrid la cita a declarar como investigada? Esa es la contradicción que vertebra el asunto. La mujer del presidente del Gobierno comparece como investigada por tráfico de influencias y corrupción en el sector privado, según las informaciones que se manejan, y el partido ha salido en tromba a proclamar que «no hay nada, nada de nada». La sobreactuación, más que el fondo, es lo que chirría.
Qué se le atribuye y qué dice el partido
El núcleo del caso es una cátedra universitaria y una plataforma de software. Según los datos que circulan,
Begoña Gómez habría gastado 42.348,79 euros de la Complutense en una herramienta que después registró a su nombre, con facturas firmadas contra dinero público y con la colaboración de Indra, Telefónica y Google. El detalle que más se repite: no consta otro caso en el que multinacionales de ese calibre se sentaran con la responsable de una cátedra modesta a colaborar desinteresadamente.
Frente a eso, la respuesta oficial ha sido negarlo todo sin desmentir nada. Ni una factura, ni un registro, ni una reunión. Solo la palabra «fango» y la acusación de que todo viene de la ultraderecha y de una supuesta máquina de bulos. La pregunta incómoda la formula cualquiera que haya leído una acusación en su vida: si no hay nada, ¿por qué no se querellan por injurias en vez de montar ruedas de prensa?
¿Por qué el PSOE usa la sala de prensa del Consejo de Ministros?
Aquí está el punto que más incomoda incluso a quien no sigue el caso. La defensa se hace desde la tarima del Gobierno, con el logo del Reino de España detrás. No es un comité de campaña: es la sala donde se anuncian decretos. Hay quien sostiene que eso difumina la frontera entre Estado y partido, y que en un país serio el argumentario sería otro: «no tenemos nada que ocultar», «dejemos trabajar a la justicia», «explicaremos todo en sede judicial». En su lugar, se acusa al juez de obedecer a la oposición.
La estrategia del foco: Milei, Villacís y el calendario electoral
La secuencia que se dibuja tiene su lógica de manual. El presidente se aparta unos días de los medios, se deja ver la amenaza de dimisión como si fuera un sacrificio, y vuelve con baño de masas en las sedes. En paralelo, el choque diplomático con Milei —que ya había sido insultado meses antes desde el propio espacio político del Gobierno— sirve para reordenar la conversación. Y el asesinato del hermano de Begoña Villacís, conmoción real y ajena a esto, termina de tapar la actualidad. La tesis que circula es sencilla:
cualquier cosa con tal de cambiar el foco mientras se decide qué juez conviene.
El argumento de los jueces: de Camps a Bárcenas
La defensa política choca con un dato incómodo. Los mismos juzgados que ahora serían sospechosos de servir a la derecha imputaron a Camps, persiguieron a Rato y a Bárcenas y encausaron a media cúpula del PP. Si el criterio es que el juez es facha cuando investiga a los tuyos, el criterio no es un criterio: es una conveniencia. Y hay quien va más lejos: admitir que los jueces no son independientes equivale a admitir que no hay democracia. Si eso fuera verdad, el que lo dice tiene todas las de perder.
El frente europeo y el ruido de fondo
El calendario aprieta. Las elecciones europeas funcionan como coartada y como urgencia: que el asunto no salpique la campaña. La lectura cínica es que da igual, que el votante ya tiene su querencia fija y que no cambiaría el voto ni con una condena en firme. La lectura institucional es peor: el sistema se tambalea cuando el poder ataca al poder judicial y, de paso, al periodismo que pregunta.
Al final, la pregunta que nadie responde no es si hay fango. Es por qué quien dice que no hay nada dedica ruedas de prensa, comunicados y ministros a un asunto que, según él, no existe.
Y punto.