Quarkcoin: comprar la nueva criptomoneda exige pasar antes por bitcoin
¿Se puede comprar Quarkcoin con tarjeta de crédito o una transferencia bancaria? No. Y ahí se estrella la primera pregunta que se hace cualquiera que llega al asunto. Para tener Quark hay que comprar antes bitcoins, y para tener bitcoins hay que abrir cuenta en un exchange y esperar. Todo el relato de la «moneda libre» choca con ese peaje inicial:
no se puede comprar bitcoin directamente con tarjeta ni con transferencia, como resumía un participante. El camino real es bitcoin primero, Quark después, y un monedero que a muchos se les atraganta.
Esa fricción es la historia de fondo de una fiebre que a finales de 2013 ya había dejado de ser un fenómeno de dos monedas. De Bitcoin salió Litecoin. De Litecoin, el turno de los clones. Y el último en llegar era Quarkcoin.
Qué es Quarkcoin y en qué se diferencia de bitcoin y litecoin
El argumento técnico que se repite es concreto: Quarkcoin usa un método de
hashing de seis vías y confirma las transacciones en torno a
30 segundos, frente a los tiempos de espera de Bitcoin y Litecoin. La cifra de capas de encriptación que se le atribuyen —seis, cinco más que Bitcoin— es uno de los reclamos que se repiten. Hay quien sostiene, en línea con lo que defiende Keiser, que el mercado dejaría de ser bipolar y pasaría a un paradigma
BTC/LTC/QRK, con Quark como tercera pata necesaria de un sistema inestable a dos bandas. Es una tesis, no un hecho contrastado.
El resto del atractivo es psicológico y de precio. Al ser una moneda con una cantidad enorme de unidades emitidas y un valor unitario bajo, se presenta como una compra especulativa fácil de justificar: por muy poco dinero se compran «muchas» monedas. El
hype ya era medible: los Quark se vendían por
casi 50 centavos en eBay, según se comentaba en el hilo.
Cómo comprar Quarkcoin: bitcoin primero y un exchange después
La ruta completa es la siguiente. Primero, un exchange que opere con dinero fiat para hacerse con bitcoins. Después, otro exchange —Bter es el que más se repite— donde no se usan euros ni dólares,
solo criptomonedas, para cambiar esos bitcoin por Quark. Finalmente, enviarlos a un monedero propio, que en Linux obliga a lidiar con el cliente oficial y con su sincronización, un proceso lento que los usuarios describen como igual de pesado que el de bitcoin.
Ahí asoma el detalle que desanima a los menos pacientes: hay quien pregunta directamente si alguien le vende Quark sin pasar por todo el circuito, y hay quien responde que la operación funciona mejor de lo que esperaba una vez dentro. La barrera no es el precio. Es el procedimiento.
¿Burbuja o pelotazo? Los números que se manejan
La proyección más citada es que Quark llegue a
1 dólar por unidad, lo que llevaría su capitalización de mercado a unos
245 millones, todavía muy por debajo de los
800 millones de Litecoin en ese momento. Otras cifras que circulan son más agresivas:
50 dólares en dos años. Nadie las respalda con un modelo. Cuando se pregunta si hay cálculo detrás, no aparece ninguno.
El contraste de escenarios es útil. El más optimista asume que la adopción por exchanges grandes y por plataformas chinas dispararía el precio. El más cauto recuerda que la revalorización rápida de una criptomoneda es también su punto débil:
una moneda que sirve para pagar debería ser estable, y ninguna de estas lo es. La comparación con la lotería nacional se repite en distintos mensajes: una entre 100.000 de acertar un premio frente a una probabilidad difusa de «ganar algo».
Minar Quarkcoin en casa: el argumento de la CPU
Otra diferencia que se subraya es la minería. Frente al equipo especializado que exige Bitcoin, Quark se generaría con un procesador doméstico:
tres o cuatro monedas al día con un ordenador medianamente actual. Es la afirmación más atractiva y la más difícil de verificar, porque depende de la potencia del equipo y de la dificultad de red en cada momento. Si fuera cierta de forma sostenida, cualquiera con un portátil tendría una fuente de ingresos.
El paralelismo con los sellos, el arte contemporáneo y las estafas piramidales
La objeción de fondo no es técnica. Durante décadas la gente ganó dinero invirtiendo en sellos, con rentabilidades altas para quien vendió a tiempo. Lo mismo se apuntaba del arte contemporáneo. Que un mercado deje beneficios a los primeros no demuestra que no sea un esquema donde el último paga la fiesta. El truco de toda estructura piramidal consiste en entrar pronto, resumía un participante, y las criptomonedas clonadas ofrecen exactamente eso: la ilusión de ser el primero.
Los paralelismos con la burbuja inmobiliaria aparecen una y otra vez, con el mismo ritual: quien no ha entrado espera la caída para reírse, y quien ha entrado espera la subida para callar bocas. Cuando la primera gran moneda corrija, el resto se desplomará por pánico en cadena, sostiene una parte del análisis. La otra recuerda que Bitcoin valía menos de un dólar y que nadie sabe qué pasará con los clones.
Al final, la pregunta inicial sigue sin respuesta y probablemente así se quedará. Comprar Quarkcoin en 2013 exigía aprenderse un procedimiento de tres pasos: hacerse con bitcoins, cambiarlos por Quark en un exchange y guardarlos en un monedero propio. Eso, para una moneda que promete revalorizarse, es mucha fe. O poca, según cómo haya ido el precio desde entonces.