Eres tan parco y torpe que no aprecias en las palabras de Quevedo aquella condena que es justamente el mayor delirio de los partidarios democráticos: EL SER GOBERNANTES Y GOBERNADOS A UNA VEZ.
Quevedo está en mi equipo, no en el tuyo.
En él latía el mismo espíritu aristócrata que late hoy día en mi.