Tenía 45 años, se llamaba Conchi y el 8 de junio acudió al hospital con vómitos continuos por una infección. La familia sostiene que la única respuesta del personal fue indicarles que pusieran una hoja de reclamaciones. La gastroscopia que necesitaba se canceló dos veces. No había anestesista. Murió. La huelga de médicos en Málaga ha puesto esta historia en el centro de los titulares, pero el debate real va un paso más allá.
La cronología del caso: dos cancelaciones y una hoja de reclamaciones
El relato de la familia, difundido por Antena 3, dibuja una secuencia demoledora. El 8 de junio, Conchi acudió al centro con vómitos continuos provocados por una infección. El equipo médico, según la denuncia, se limitó a remitirles a la hoja de reclamaciones. La gastroscopia, una prueba clave para evaluar el origen del problema, se canceló hasta en dos ocasiones. El motivo alegado: no había anestesista disponible. La mujer, de 45 años, falleció antes de que se le practicara la prueba. La familia responsabiliza a la huelga de médicos de Málaga.
Aquí conviene precisar: la gastroscopia no es, en principio, una intervención que exija anestesista de forma obligatoria. Se puede realizar con sedación moderada, a menudo con propofol administrado por el propio digestólogo. Pero hay matices que cambian el diagnóstico. En pacientes con obesidad, problemas respiratorios o alergias, la sedación moderada puede convertirse en un riesgo serio. Si aparece una apnea o una obstrucción de la vía aérea, el especialista que maneja el endoscopio no puede atender al paciente y al procedimiento a la vez. Esa es la diferencia entre una sedación rutinaria y una que requiere la presencia de un anestesista.
El verdadero agujero: no hay contratos, no hay anestesistas
El dato que descoloca aparece cuando se pregunta por las plantillas. Hay anestesistas colegiados de sobra, pero no hay vacantes. Los hospitales, para ahorrar costes, han ido derivando las sedaciones a los especialistas en digestivo, una práctica que algunos profesionales describen como habitual y que se ha extendido en los últimos años. La huelga, en este contexto, no ha sido la causa de la falta de cobertura, sino el detonante que la hizo visible. En los últimos días se ha sabido que los anestesistas de muchos centros ni siquiera hicieron peonadas durante la huelga: iban a trabajar, no operaban y cobraban. Una imagen que alimenta el enfado de otros colectivos, que señalan que el corporativismo no arregla los quirófanos.
El debate sobre los servicios mínimos está servido. Mientras otros cuerpos, como vigilantes o escoltas, soportan servicios mínimos del 90% o del 100%, en sanidad se quedan en cifras mucho más bajas. Hay quien defiende que la huelga en servicios esenciales debería estar prohibida, como en la policía. Pero la pregunta incómoda es otra: si un solo anestesista tiene que cubrir varios quirófanos a la vez, la huelga es solo una parte del problema. El sistema lleva años funcionando con una plantilla que no se renueva, con contratos que no se crean y con una presión asistencial creciente.
La mejor sanidad del mundo, otra vez
El eslogan oficial, el de la mejor sanidad del mundo, suena estos días a sarcasmo. La familia de Conchi pide responsabilidades y una investigación. Los profesionales consultados señalan años de precarización y recortes. Los gestores, por su parte, insisten en el conflicto laboral. Mientras tanto, el expediente de una mujer de 45 años quedó archivado con dos cancelaciones y una hoja de reclamaciones. El dato final, el que descoloca, es que la falta de anestesistas no es nueva: se conocía, se había advertido y se siguió sin hacer nada. Esta vez la paciente no pudo contarlo.